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30 agosto 2013

El viaje de su vida



 
Desde muy pequeña, Katy, nunca fue una gatita muy querida, sus dueños la trataban bastante mal, no era excusa que fueran unos niños. El problema era que eran unos niños bastante malos y traviesos y le hacían miles de travesura a la pobre gata, al principio eran bromas inocentes, pero con los años...

Cualquier defensor de los gatos no hubiera aprobado semejante trato, pues aun siendo un animal se merecía un trato de respeto. Por eso la pobre Katy vivió sus primeros años atemorizada, hasta que un día se reveló. Harta de palizas y malos tratos saco sus uñas de felina y se lanzó a defender su vida, sin embargo aquello empeoró las cosas. Pero aquella fue la última vez que le levantaron la mano, sobre todo porque la dejaron en la calle abandonada.

De pronto se encontró sola y sin cobijo, sin rumbo alguno empezó a caminar, no sabía el camino de vuelta. Tampoco quería volver, así pues, feliz y meneando su rabo continúo su camino.

Toda esa felicidad, se fue transformando en tristeza y soledad, en hambre y cansancio. Esto último si lo podía, solucionar encontró un rincón apartado junto unos cubos de basura, de un certero salto se subió y echo a descansar. Pero pronto se dio cuenta que no estaba sola, había otros gatos callejeros y para ellos, su presencia no era grata, todo lo contrario, estaba invadiendo su territorio. Así pues, decidió que quizás era mejor buscar otro lugar.

Camino de su soledad, aquella gata caminaba con la cabeza agachada mirando al suelo y el rabo caído. Denotaba tristeza sin duda alguna, pero no le importaba cualquier cosa antes que volver a recibir otra paliza de sus amos.  Caminando iba cuando para su desgracia se topó con un grupo de chavales, un grupo de conflictivos chavales. Se paró en seco los miro y antes que pudiera darse la vuelta y salir corriendo la atraparon, le hicieron mil perrerías, ni a un insecto se le hubiera tratado tan mal, maullaba, gritaba, pero solo recibía dolor. En un arrebato de coraje, saco sus uñas y le araño toda la cara a uno de sus captores, salió mal herida y corriendo. Pero seguía viva.
Horas más tardes, se encontró con una anciana, que le dio algo de leche, y algo de cariño, por un momento pensó que estaba salvada, pero la anciana, no tenía intención de acogerla en su hogar, demasiado mayor, le decía a Katy, mientras esta la miraba con su más tierna mirada, la anciana acariciaba su cabeza y su cuerpo, al ronroneo de Katy.

Con ánimos y fuerzas recuperadas, siguió su búsqueda de un nuevo hogar, de una nueva compañía, le dolían hasta los huesos del alma que no tenía, pero gracias al vendaje y el buen hacer de aquella anciana, podía aguantar.  Se acostó entre algunos cartones y se durmió. De pronto algo la despertó, era un maullido, no era ella, era otro gato, siguiendo aquel sonido, se acercó hasta comprobar que se trataba de otro gato, se miraron, ronronearon y de alguna manera el entendió que ella estaba sola y perdida, así pues el decidió que la acompañaría. Se echaron definitivamente a dormir con el calor que se daban mutuamente.

Al llegar la mañana, ambos se pusieron a caminar, el hambre les hacía mella, así pues empezaron a rebuscar entre las basuras algo que comer, pero no hubo suerte, un poco más adelante, encontraron un bar donde había otros gatos callejeros, los cuales no vieron con buenos ojos que aquellos dos intrusos se unieran al festín, pronto se inició una pelea entre todos, y Katy decidió dejar de lado esa comida, y seguir sola su camino, le quedaban pocas energías, y estaba muy hambrienta, cuando ya todo parecía perdido, callo desvanecida al suelo, justo a los pies de una joven, aquella joven, al ver aquella gata, tan mal se le encogió el corazón, rápidamente se la llevó a que la dieran de comer y curaran sus heridas, aquel día, la vida de aquella joven cambio, jamás había tenido un gato en su casa, pero ahora, al ver aquel pobre animal, algo se despertó en ella. Años más tarde monto su propia casa de acogida para gatos, para que jamás le falte ninguno nada y es la mayor defensora del planeta de los gatos…

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