Cuenta la leyenda que una bella joven fue hechizada por un malvado brujo, pues se negó a darse en matrimonio con su hijo ya que no estaba enamorada de él. La joven fue desterrada y obligada a vivir sola y sin compañía de ningún hombre en el más remoto de los confines. Los lugareños la llamaban la bruja, pues decían que aquel que la miraba no volvía a ser el mismo. Los hubo que locos de atar se batieron en duelo con espadas hasta resultar muertos, otros en cambio perdían todo uso de razón y acababan locos de atar delirando por las calles. Y también los hubo que sin explicación ninguna cayeron al suelo fulminados por su brujería. Desde luego ninguno volvía a ser el mismo después de conocer a la bruja sin nombre.
Caía la noche, y un joven caminante vagaba en busca de cobijo, llego a un pueblo cercano y se acercó a lo que creyó ver que era una posada. Llamo a la puerta y un hombre con aspecto de buen gentil le abrió.
-Buenas noches caballero, ¿En qué puedo servirle? –pregunto el posadero en tono cansado.
-Buenas noches tenga usted también buen posadero. Ando buscando cobijo para esta noche y quizás alguna más.
-Sin duda habéis venido al lugar correcto. Acompáñeme caballero le llevare hasta sus aposentos.
-Gracias amable posadero, le seguiré después de usted. –respondió el caminante con exquisita cortesía.
-Dígame señor, ¿Que os trae por aquí?
-Veréis, ando en busca de una leyenda que habla de una joven hechizada y…
-¡Dios santo! –exclamo el posadero sin dejarlo acabar. Estáis loco ¿Acaso no conoce la terrible leyenda que pesa sobre ella?
-Sí que es de mi conocimiento lo que esa joven es capaz de provocar en los hombres, y he de deciros que ardo en deseo de conocerla.
-¡Estáis loco de atar! ¡Moriréis en vida!
-¡Estáis loco de atar! ¡Moriréis en vida!
-Me arriesgare. –dijo el joven sonriendo, dando por finalizada la discusión.
-Que Dios os proteja insensato –murmuro el posadero.
El joven se dirigió hacia el interior de sus aposentos, cerró la puerta, se tumbó sobre la cama y saco un viejo libro. Comenzó a leerlo con gran interés, memorizando cada dato sobre tan misteriosa joven y su leyenda. Estuvo toda la noche intentando descubrir algo que le ayudara a resolver aquella situación tan extraña, pero no consiguió averiguar cómo romper tal hechizo de tan poderoso brujo. Y pensando y pensando quedose dormido profundamente.
Capítulo 2
Apartada en una montaña vivía en una modesta casa, una bella joven. Se dice de ella que por las noches en el silencio se puede oír su llanto de dolor y de tristeza. Se dice también que escondía un terrible secreto en su interior, pues debía esconder su mirada de los hombres. Por eso vivía sola pues así había de ser.
El joven se levantó de la cama, se vistió y cruzo la puerta con firme decisión, no tenía un plan concreto pero sabía más o menos por dónde empezar, solo tenía una cosa clara, no mirarla a los ojos, pero tenía que acercase a ella lo suficiente como para poder comprobar…
-Es imposible que tan bella dama sea una bruja malvada, él conocía bien la historia llevaba mucho tiempo planeando aquello y sabia la cantidad de años que llevaba escondida. Pero también sabía lo que pasaría si la miraba a los ojos. Mientras caminaba intentando resolver el enigma del hechizo se encontró con algo inesperado…
“¡¿Cómo osáis rechazar a mi hijo?! Maldita mujer… ¿Acaso no conocéis mi poder? ¿Acaso pensáis que os dejare marchar sin más? ¡Probareis mi poder! De ahora en adelante viviereis eternamente sola, lejos de todo hombre. Y aquel que os mire a los ojos perderá la cordura y perderá la razón hasta volverse loco o morir.”
“Tened piedad señor, mas no puedo mandar en mi corazón y desposarme con vuestro hijo sin amarlo me parece una gran crueldad, y no puedo hacer tal cosa pues iría en contra de mis principios”
“Padre, dale una oportunidad pues sabéis que yo amo, dale tiempo para que me ame, yo estoy dispuesto a esperarla el tiempo que haga falta, toda la vida incluso.”
“¿Una oportunidad decís hijo mío? ¿A la persona que os ha rechazado? La tendrá ya lo creo que la tendrá, dispondrá de toda la vida para reflexionar. Solo aquel al que ella ame de puro corazón y él la corresponda de igual manera, unidos en un beso de amor, lograra romper mi hechizo. Sino todo aquel que intente mirarla a los ojos pagara las consecuencias con su cordura.”
Y así fue como fue desterrada y condenada a vivir en soledad…
Capítulo 3
Se encontraba la joven en el mercado de la ciudad, siempre usaba un velo para para ocultar su mirada, pues al contrario de lo que todos pensaban, no era una bruja ni era mala tampoco, pero dada la situación, era preferible que la tomaran por bruja y malvada, así hacia mas sencilla su vida.
-Mirad es la bruja huid u os matara a todos, no la miréis corred –dijo una voz masculina, ahuyentando así a gran parte de los hombres.
Caminaba con la mirada agachada dirección a su morada, se sentía segura sabiendo que le tenían miedo, al menos así nadie se atrevería a mirarla a los ojos.
-Buenos días bella dama. –la saludo un joven por su espalda.
-¡Que queréis! –le contestó sorprendida por la amabilidad pero sin darse la vuelta.
-Conoceros, por supuesto. –le replicó.
-¡Estáis loco!
-¿Por qué? –insistió el joven.
-¡Largaos! –le insistió volviendo hacia él.
-¿Y sino?
-Moriréis posiblemente.
-Es cierto que moriré, más no hoy.
-¿Por Dios que es lo que queréis de mí? –dijo con voz desesperada.
-Ya os lo he dicho, conoceros.
-No sabéis quien soy yo, puedo mataros o volveros
-¿Loco? –continuo el joven.
-¿Quién sois vos?
-Primero me pedís que me vaya y ahora me preguntáis quien soy, me temo que no sabéis lo que queréis.
-¿Dónde están vuestros modales joven? Esa no es forma de hablarle a
-¿Una bruja? ¿O una dama? Dama sin duda, joven y bella dama.
-Sera mejor que os marchéis.
-¿Acaso ya no deseáis saber quién soy? –pregunto poniéndose delante de ella e intentando mirarla a los ojos.
-¡Apartaos insensato! ¡Como osáis!
-Por supuesto, como no. –dijo riendo.
-¿Qué os hace tanta gracia maleducado?
-Perdonad mi osadía pero necesitaba comprobar algo, el caso es que habéis esquivado mi mirada para no hacerme daño, tal y como sospeche, no permitiríais que nadie sufriese las consecuencias así como así.
-¿Acaso creéis conocerme?
-Si lo que dice la leyenda es cierto, vos sois la joven a la que un brujo malvado hechizo, y nadie puede miraros a los ojos pues perderá la cordura e incluso morirá. Sé que todos os consideran una bruja.
-Es todo cierto. –dijo mientras entraba en su casa.- Pero sigo sin saber quién sois vos.
-Tan solo vuestro humilde salvador –dijo sonriendo.- He oído hablar mucho sobre la famosa bruja, Se lo que os paso y he venido a intentar salvaros.
-En ese caso podéis volveros por donde habéis venido. –respondió dándole la espalda.
-¿Por qué debería hacer tal cosa? ¿Acaso no deseáis ser salvada?
-Marchaos os lo ruego.
-No hare tal cosa.
-Os lo suplico, dejadme.
-Contádmelo todo y luego me marchare.
-Está bien, entrad.
-¡Que queréis! –le contestó sorprendida por la amabilidad pero sin darse la vuelta.
-Conoceros, por supuesto. –le replicó.
-¡Estáis loco!
-¿Por qué? –insistió el joven.
-¡Largaos! –le insistió volviendo hacia él.
-¿Y sino?
-Moriréis posiblemente.
-Es cierto que moriré, más no hoy.
-¿Por Dios que es lo que queréis de mí? –dijo con voz desesperada.
-Ya os lo he dicho, conoceros.
-No sabéis quien soy yo, puedo mataros o volveros
-¿Loco? –continuo el joven.
-¿Quién sois vos?
-Primero me pedís que me vaya y ahora me preguntáis quien soy, me temo que no sabéis lo que queréis.
-¿Dónde están vuestros modales joven? Esa no es forma de hablarle a
-¿Una bruja? ¿O una dama? Dama sin duda, joven y bella dama.
-Sera mejor que os marchéis.
-¿Acaso ya no deseáis saber quién soy? –pregunto poniéndose delante de ella e intentando mirarla a los ojos.
-¡Apartaos insensato! ¡Como osáis!
-Por supuesto, como no. –dijo riendo.
-¿Qué os hace tanta gracia maleducado?
-Perdonad mi osadía pero necesitaba comprobar algo, el caso es que habéis esquivado mi mirada para no hacerme daño, tal y como sospeche, no permitiríais que nadie sufriese las consecuencias así como así.
-¿Acaso creéis conocerme?
-Si lo que dice la leyenda es cierto, vos sois la joven a la que un brujo malvado hechizo, y nadie puede miraros a los ojos pues perderá la cordura e incluso morirá. Sé que todos os consideran una bruja.
-Es todo cierto. –dijo mientras entraba en su casa.- Pero sigo sin saber quién sois vos.
-Tan solo vuestro humilde salvador –dijo sonriendo.- He oído hablar mucho sobre la famosa bruja, Se lo que os paso y he venido a intentar salvaros.
-En ese caso podéis volveros por donde habéis venido. –respondió dándole la espalda.
-¿Por qué debería hacer tal cosa? ¿Acaso no deseáis ser salvada?
-Marchaos os lo ruego.
-No hare tal cosa.
-Os lo suplico, dejadme.
-Contádmelo todo y luego me marchare.
-Está bien, entrad.
Ambos entraron, tomaron asiento y durante un buen rato fue contando detenidamente todo lo que ocurrió aquel maldito día y como acabo allí sola. Ella fue respondiendo todas y cada una de las preguntas que el joven le hacía. Eso si el tono de la conversación se mantuvo en el máximo respeto que permitía la frialdad de su corazón.
-Pero debe haber algo que no nos hayamos fijado, algún detalle que nos permita romper el encantamiento…
-Me temo que no –le contesto intentando que no se diera cuenta que mentía.
-Imposible, todo hechizo puede ser revertido, seguro que se nos olvida algo.
-Deberíais marchaos, pues está cayendo la noche.
-Me temo que no –le contesto intentando que no se diera cuenta que mentía.
-Imposible, todo hechizo puede ser revertido, seguro que se nos olvida algo.
-Deberíais marchaos, pues está cayendo la noche.
Tras un momento de duda, el joven asintió con la cabeza con la promesa de volver y romper el hechizo. Ella entro en su casa, tras despedirse amablemente del joven, subió hasta su habitación, y allí frente al espejo sus ojos empezaron a llorar.
-¿De qué me sirve ser hermosa y buena dama, sino puedo amar a nadie? Un corazón de piedra y una mirada que enloquece. ¿Qué hice mal dios mío? ¿Cómo iba a desposarme con alguien a quien no amaba? Hice lo que mi corazón me dicto ¿y de que me sirvió? Y como quiere ahora que ame ya a nadie si ya no tengo corazón. No sé si aquel brujo me lo hechizo o fui yo misma quien lo enterró. Tal vez deba pagar mi osadía, tal vez me merezca este castigo. Al menos ahora ya sabe la historia mía, y sabe que no debe hacer por su propio bien…
Capítulo 4
Se encontraba el joven caminando de vuelta a la posada, iba pensativo, en su cabeza trataba todo lo que le había contado. Su historia era increíble, ya conocía la leyenda y aquella información le podía ayudar a entender todo lo que estaba sucediendo con aquella tan misteriosa e increíble mujer.
-¿Cómo es posible que no pueda deshacerse el hechizo? –dijo sacando un viejo libro. –Tiene que haber algo aquí, este es el hechizo que uso para condenarla pero no veo que diga nada acerca de cómo liberarla, un segundo cómo es posible que no me diera cuenta, aquí falta algo iré a verle sin duda tendrá que explicar mucho.
Mientras tanto en otro lugar, una bella joven yacía en su lecho, envuelta en un mar de tristeza y de lágrimas…
-¿Por qué lloráis? –preguntó una voz.
-No puede ser verdad, ¿cómo es posible? –contestó clavando su mirada y contemplando aquella figura, sus ojos no daban crédito a lo que veía.
-No hay nada imposible para El.
-¿De verdad estáis aquí?
-Tranquila mi niña, ya estoy aquí… –dijo consolándola.
-Si pudiera abrazaros…
-Lo se mi niña, lo se… quizás algún día.
-Decidme madre, ¿Cómo, por que habéis venido?
-Nuestro señor en su infinita sabiduría os ha dado la oportunidad de romper vuestro hechizo, el joven que habéis conocido es la clave para conseguirlo.
-Madre, no puede ser, es imposible, no puedo sentir nada, hace mucho que escondí mis sentimientos y no los encuentro, sufrí mucho y tuve que ser fuerte aquí sola, habéis de saber que acepte mi condena y mi destino hace mucho y nada puede hacerse ya.
-Os equivocáis hija mía, estoy aquí para que vuelvas a amar, para ayudarte.
-¡Es que no deseo volver a amar! –exclamo con rabia. –Sé que tengo que buscarlos deben estar en alguna parte pero ahora soy feliz aunque no lo creáis, no siento dolor, no quiero volver a sentirme como antes, perdida, hundida, es lo mejor madre, que me quede así.
-Mirad hija mía y atended lo que os digo, pues ese joven va a luchar y a enfrentarse si hace falta al mismísimo diablo para salvaros de este hechizo. Y no imagináis a donde se dirige ahora mismo y lo que está a punto de averiguar, y cuando lo haga vendrá hacia aquí a por vos.
-¿Por qué lloráis? –preguntó una voz.
-No puede ser verdad, ¿cómo es posible? –contestó clavando su mirada y contemplando aquella figura, sus ojos no daban crédito a lo que veía.
-No hay nada imposible para El.
-¿De verdad estáis aquí?
-Tranquila mi niña, ya estoy aquí… –dijo consolándola.
-Si pudiera abrazaros…
-Lo se mi niña, lo se… quizás algún día.
-Decidme madre, ¿Cómo, por que habéis venido?
-Nuestro señor en su infinita sabiduría os ha dado la oportunidad de romper vuestro hechizo, el joven que habéis conocido es la clave para conseguirlo.
-Madre, no puede ser, es imposible, no puedo sentir nada, hace mucho que escondí mis sentimientos y no los encuentro, sufrí mucho y tuve que ser fuerte aquí sola, habéis de saber que acepte mi condena y mi destino hace mucho y nada puede hacerse ya.
-Os equivocáis hija mía, estoy aquí para que vuelvas a amar, para ayudarte.
-¡Es que no deseo volver a amar! –exclamo con rabia. –Sé que tengo que buscarlos deben estar en alguna parte pero ahora soy feliz aunque no lo creáis, no siento dolor, no quiero volver a sentirme como antes, perdida, hundida, es lo mejor madre, que me quede así.
-Mirad hija mía y atended lo que os digo, pues ese joven va a luchar y a enfrentarse si hace falta al mismísimo diablo para salvaros de este hechizo. Y no imagináis a donde se dirige ahora mismo y lo que está a punto de averiguar, y cuando lo haga vendrá hacia aquí a por vos.
Capítulo 5
Toda la noche estuvo el joven caminando hasta llegar a su destino. Allí se encontraba frente a la puerta dispuesto a llamar, justo cuando empezaba a amanecer. No dudo y golpeo la puerta con firmeza.
-¡Abrid! Sé que estáis despiertos.
-¿Quién sois, que queréis a estas horas?
-¿Quién soy? Vergüenza os debería dar. ¡Abrid os digo! me debéis algunas explicaciones. –le respondió con furia.
-¿Qué demonios? –se preguntaba mientras abría la puerta. –Sois vos, debí suponerlo.
-Este libro está incompleto. –le recrimino.
-¿A que os referís con incompleto?
-No explica el modo de deshacer el hechizo, me dijisteis que aquí encontraría todo lo necesario, para salvarla, y ella tampoco lo sabe, como puede ser, me mentisteis…
-¿Cómo queréis que lo sepa? Este viejo ya no es lo que era.
-¿Tal vez por que vos lo escribisteis?
-¿Hice tal cosa?
-Viejo loco… ¿Ya no os acordáis acaso? Estabais allí.
-Yo… –dijo intentando recordar. –tenéis razón estuve, o eso creo, eso me convierte en el escritor supongo.
-Por favor os lo ruego, recordad. Hablasteis del hechizo pero nunca dijisteis como romperlo, creí que aquí vendría todo, pero falta eso, intentad recordad sus palabras.
-Despacio, por favor, despacio. Recuerdo que estuve allí, tenéis razón, pero no recuerdo bien que dijo, pero juraría que… dadme un momento quizás tenga eso que me pedís. Sé dónde podría estar, esperadme aquí os lo ruego.
El viejo librero bajo al almacén y empezó a rebuscar entre sus cosas, tras un rato buscando acabo encontrando lo que buscaba, se detuvo un instante a leerlo y subió a llevárselo al joven.
-Mirad esta es la clave de todo, aquí apunte el modo de deshacer el hechizo ya no lo recordaba siquiera. Pero decidme ¿la encontrasteis entonces? ¿Es tan bella como dice la leyenda?
-¡Ya lo creo! Es realmente bella. –dijo con entusiasmo.
-Tuvisteis precaución ¿verdad?
-Digamos que ella misma me protegió, evito que la mirara a los ojos.
-¡Dios santo! –exclamo el viejo librero.
-He de partir, gracias por todo. Os mantendré informado. –dijo caminando hacia la puerta en dirección al pueblo.
Capítulo 6
Mientras tanto…
-Está hecho.
-¿El que madre?
-Lo tiene en su poder, incluso tal vez este leyéndolo en estos momentos.
-¿Y ahora que pasará? De que servirá si yo jamás lo amaré.
-¿Por qué os torturáis? ¿Por qué no dejáis que os ayude?
-Porque nadie puede, he olvidado lo que es amar.
Y al caer la tarde, de repente se oyó un golpe en la puerta, la joven miro al espíritu de su madre preocupada, la cual a su vez la miraba a ella fijamente. De nuevo se oyó otro golpe. Se miraron la una a la otra y por tercera vez sonó la puerta.
-Está hecho.
-¿El que madre?
-Lo tiene en su poder, incluso tal vez este leyéndolo en estos momentos.
-¿Y ahora que pasará? De que servirá si yo jamás lo amaré.
-¿Por qué os torturáis? ¿Por qué no dejáis que os ayude?
-Porque nadie puede, he olvidado lo que es amar.
Y al caer la tarde, de repente se oyó un golpe en la puerta, la joven miro al espíritu de su madre preocupada, la cual a su vez la miraba a ella fijamente. De nuevo se oyó otro golpe. Se miraron la una a la otra y por tercera vez sonó la puerta.
-¿Qué hago madre?
-Abrid sin miedo hija mía.
-Está bien pero no servirá de nada. –dijo mientras bajaba las escaleras lentamente hasta llegar a la puerta.
-Buenos días bella dama.
-Buenos días.
-No parecéis sorprendida de verme. –dijo el joven.
-Dijisteis que volverías
-Si eso dije, y aquí me tenéis pues. Debéis saber que he hallado la forma de libraros del hechizo.
-Estoy segura de ello. –dijo con voz tenue.
-Pero que os pasa, ¿Por qué no sonreís? Os he traído la solución.
-Os mentí, se perfectamente cómo deshacer el hechizo, siempre lo he sabido.
-No comprendo, si sabíais todo este tiempo como deshacer el hechizo, ¿Por qué no lo habéis librado de él?
-Pues porque ni quiero ni puedo. No puedo amar pues mi corazón está cerrado.
-Permitid que dude de tal cosa. Yo puedo enamoraros si me lo permitís.
-Gracias pero no, marchaos pues nada podéis hacer por mí. Fui castigada por no desposarme sin amor y he de pagar por ello.
-No tiene por qué ser así, podéis ser libre, podéis volver a amar. –dijo el joven emocionado. – ¡No permitiré que sea así!
-¿Por qué os importa tanto mi vida? Si no me conocéis siquiera, no os entiendo.
-Pues… porque yo… ¡Os amo! –exclamo mientras cogía sus manos y luchando por no mirarla a los ojos. –Os amo, si, desde el día que oí hablar por primera vez de vos, de vuestra leyenda, desde entonces llevo intentando averiguar cómo romper el hechizo y liberaros, pero jamás imagine que para ello debiera enamoraros primero, pero juro ante dios que lo hare, juro que me amareis y romperé el hechizo.
La joven quedo desconcertada. El interés del joven en liberarla del hechizo, la había conmovido, y aquella confesión de amor, la dejaron sin habla. Se preguntaba cómo alguien podía amarla sin tan siquiera haberla conocido…
-Mirad, vuestras palabras me han conmovido, nunca imagine que alguien me pudiera amar sin conocerme. No os puedo prometer que me enamore de vos, pero si os prometo conoceros mejor, pues parecéis altruista y bienintencionado.
-Gracias bella dama, no esperaba menos de vos, sé que acabareis amándome.
-Abrid sin miedo hija mía.
-Está bien pero no servirá de nada. –dijo mientras bajaba las escaleras lentamente hasta llegar a la puerta.
-Buenos días bella dama.
-Buenos días.
-No parecéis sorprendida de verme. –dijo el joven.
-Dijisteis que volverías
-Si eso dije, y aquí me tenéis pues. Debéis saber que he hallado la forma de libraros del hechizo.
-Estoy segura de ello. –dijo con voz tenue.
-Pero que os pasa, ¿Por qué no sonreís? Os he traído la solución.
-Os mentí, se perfectamente cómo deshacer el hechizo, siempre lo he sabido.
-No comprendo, si sabíais todo este tiempo como deshacer el hechizo, ¿Por qué no lo habéis librado de él?
-Pues porque ni quiero ni puedo. No puedo amar pues mi corazón está cerrado.
-Permitid que dude de tal cosa. Yo puedo enamoraros si me lo permitís.
-Gracias pero no, marchaos pues nada podéis hacer por mí. Fui castigada por no desposarme sin amor y he de pagar por ello.
-No tiene por qué ser así, podéis ser libre, podéis volver a amar. –dijo el joven emocionado. – ¡No permitiré que sea así!
-¿Por qué os importa tanto mi vida? Si no me conocéis siquiera, no os entiendo.
-Pues… porque yo… ¡Os amo! –exclamo mientras cogía sus manos y luchando por no mirarla a los ojos. –Os amo, si, desde el día que oí hablar por primera vez de vos, de vuestra leyenda, desde entonces llevo intentando averiguar cómo romper el hechizo y liberaros, pero jamás imagine que para ello debiera enamoraros primero, pero juro ante dios que lo hare, juro que me amareis y romperé el hechizo.
La joven quedo desconcertada. El interés del joven en liberarla del hechizo, la había conmovido, y aquella confesión de amor, la dejaron sin habla. Se preguntaba cómo alguien podía amarla sin tan siquiera haberla conocido…
-Mirad, vuestras palabras me han conmovido, nunca imagine que alguien me pudiera amar sin conocerme. No os puedo prometer que me enamore de vos, pero si os prometo conoceros mejor, pues parecéis altruista y bienintencionado.
-Gracias bella dama, no esperaba menos de vos, sé que acabareis amándome.
Capítulo 7
Los días pasaron, ambos se fueron conociendo y poco a poco algo iba creciendo dentro de ella. Cierto día se encontraban paseando como de costumbre por un enorme campo de flores. Pero ese día no estaban solos, alguien más los vigilaba, cerca de ellos en una ladera de un monte alguien a caballo los observaba detenidamente con gesto serio. De pronto alzo su mano derecha hacia su espalda alcanzando una flecha, mientras que con su mano izquierda sostenía un arco en posición vertical. Coloco la flecha sobre arco estiro con fuerza y soltó con rabia…
-¡No! ¡Dios santo! ¿Pero quién? –gritó la joven mientras los veía caer al suelo lleno de sangre y dolor.
-Ayudadme por favor os lo ruego no me dejéis morir. –murmullo el joven con voz débil.
Ella le saco el trozo de flecha como pudo con lágrimas en los ojos y arrancándose un trozo de su vestido corrió a taponar la herida. Mientras hacía eso, vio como alguien se acercaba a caballo. Sus ojos se abrieron de par en par no podían dar crédito a lo que veían.
-¡Maldita seas! Mira lo que me habéis obligado a hacer, ¿tanto os costaba enamoraros de mí?
-¡Maldito seáis vos! –exclamo con lágrimas en los ojos. –en el corazón no se manda…
-¿Acaso pensasteis que os dejaría enamoraros de otro? Llevo años esperando que me dierais una oportunidad y se la dais al primero que ha pasado por vuestro lado.
-¿Qué os ha pasado? No os reconozco, él ha sido el único que ha luchado por romper el hechizo de vuestro padre, ¿vos queríais que os amara? Habed roto el hechizo de vuestro padre o no habed permitido que me hechizara. Ya pude comprobar lo que me amabais que permitisteis tal castigo.
-No os lo merecíais, os lo di todo y os negasteis a casaros conmigo, ahora veréis lo que soy capaz de hacer, sino sois mía, no seréis de él. –dijo volviéndose hacia el joven.
-¡No! ¡Dejadle en paz os lo ordeno! Yo soy la culpable no él castigadme a mí.
-¿Tanto os importa que estáis dispuesta a sacrificar vuestra vida por él?
-¡Sí que me importa! El me… ama y yo…
-¿Le amáis acaso también? –pregunto con rabia mientras se giraba hacia ella.
-¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Le amo dios bendito y vos le habéis matado!
-No os preocupéis enseguida os reuniréis con él. –dijo mientras alcanzaba otra flecha con su mano derecha y apuntando desde su caballo a la joven.
-Por dios santo, ¿qué vais a hacer? Estáis loco, antes que disparéis vuestro arco me levantare mi velo y…
-Y nada… ¿Acaso pensasteis que el hechizo de mi padre se volvería contra su propio hijo?
-Os habéis convertido en alguien tan despreciable como vuestro padre. ¡Adelante acabad conmigo si os place pues jamás seré vuestra!
-Ni de otro tampoco. –dijo apuntando y disparando su flecha hacia ella.
Pero en ese mismo instante el joven mal herido se había ya incorporado sin que se diera cuenta, sacando fuerzas y de un golpe certero consiguió derribarle del caballo y desviar la trayectoria de la flecha. Una vez en el suelo cogió una de sus flechas y se la clavó en la pierna para que no huyese corriendo. La joven que se encontraba de pie con los ojos cerrados, al abrirlos se sorprendió y salió corriendo en busca de ayuda.
Mientras tanto el hijo del brujo se sacó la flecha y se incorporó y ambos mal heridos se enzarzaron en una batalla de golpes y una lucha sin piedad por el amor de la joven y la supervivencia misma. Pero el joven estaba muy mal herido y sangrando, casi sin fuerzas en uno de los golpes perdió el equilibrio y cayó al suelo. En ese instante el hijo del brujo alzo su espada para acabar con la vida de su oponente.
-¡No! ¡Dios santo! ¿Pero quién? –gritó la joven mientras los veía caer al suelo lleno de sangre y dolor.
-Ayudadme por favor os lo ruego no me dejéis morir. –murmullo el joven con voz débil.
Ella le saco el trozo de flecha como pudo con lágrimas en los ojos y arrancándose un trozo de su vestido corrió a taponar la herida. Mientras hacía eso, vio como alguien se acercaba a caballo. Sus ojos se abrieron de par en par no podían dar crédito a lo que veían.
-¡Maldita seas! Mira lo que me habéis obligado a hacer, ¿tanto os costaba enamoraros de mí?
-¡Maldito seáis vos! –exclamo con lágrimas en los ojos. –en el corazón no se manda…
-¿Acaso pensasteis que os dejaría enamoraros de otro? Llevo años esperando que me dierais una oportunidad y se la dais al primero que ha pasado por vuestro lado.
-¿Qué os ha pasado? No os reconozco, él ha sido el único que ha luchado por romper el hechizo de vuestro padre, ¿vos queríais que os amara? Habed roto el hechizo de vuestro padre o no habed permitido que me hechizara. Ya pude comprobar lo que me amabais que permitisteis tal castigo.
-No os lo merecíais, os lo di todo y os negasteis a casaros conmigo, ahora veréis lo que soy capaz de hacer, sino sois mía, no seréis de él. –dijo volviéndose hacia el joven.
-¡No! ¡Dejadle en paz os lo ordeno! Yo soy la culpable no él castigadme a mí.
-¿Tanto os importa que estáis dispuesta a sacrificar vuestra vida por él?
-¡Sí que me importa! El me… ama y yo…
-¿Le amáis acaso también? –pregunto con rabia mientras se giraba hacia ella.
-¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Le amo dios bendito y vos le habéis matado!
-No os preocupéis enseguida os reuniréis con él. –dijo mientras alcanzaba otra flecha con su mano derecha y apuntando desde su caballo a la joven.
-Por dios santo, ¿qué vais a hacer? Estáis loco, antes que disparéis vuestro arco me levantare mi velo y…
-Y nada… ¿Acaso pensasteis que el hechizo de mi padre se volvería contra su propio hijo?
-Os habéis convertido en alguien tan despreciable como vuestro padre. ¡Adelante acabad conmigo si os place pues jamás seré vuestra!
-Ni de otro tampoco. –dijo apuntando y disparando su flecha hacia ella.
Pero en ese mismo instante el joven mal herido se había ya incorporado sin que se diera cuenta, sacando fuerzas y de un golpe certero consiguió derribarle del caballo y desviar la trayectoria de la flecha. Una vez en el suelo cogió una de sus flechas y se la clavó en la pierna para que no huyese corriendo. La joven que se encontraba de pie con los ojos cerrados, al abrirlos se sorprendió y salió corriendo en busca de ayuda.
Mientras tanto el hijo del brujo se sacó la flecha y se incorporó y ambos mal heridos se enzarzaron en una batalla de golpes y una lucha sin piedad por el amor de la joven y la supervivencia misma. Pero el joven estaba muy mal herido y sangrando, casi sin fuerzas en uno de los golpes perdió el equilibrio y cayó al suelo. En ese instante el hijo del brujo alzo su espada para acabar con la vida de su oponente.
La joven de vuelta con ayuda lo vio dispuesto a acabar con la vida de su amado, y solo acerco a gritar y pedir ayuda. Pero de pronto una flecha atravesó el cuerpo de él, cayendo herido al lado de su oponente. La joven se dio la vuelta y comprobó como aquel hombre que como tantos la habían llamado bruja y despreciado le había salvado la vida al joven que amaba.
-No sé cómo agradecéroslo ¿Pero por qué lo habéis hecho? Creí que me odiabais todos.
-Ya no, sabemos la verdad, él nos lo contó, día tras día se encargó que todo el pueblo conociera vuestra historia y toda la verdad que ocultabais. Él os ama mucho y si vos lo amáis por fin todo acabara.
-Lo amo, sabe dios que lo amo, lo comprendí al verlo herido de muerte.
La joven se acercó al cuerpo de su amado y tomándolo entre sus brazos lo beso en los labios, pero no se deshizo el hechizo, aunque no importaba porque sabía cuándo exactamente tenía que volver a besarle para romper el hechizo.
Y así fue como el hijo del malvado brujo fue encarcelado y por fin en la noche indicada.
-Hoy es el día –dijo ella.
-Sí, pero aún falta algo que no me habéis dicho. –le dijo susurrando al oído una pregunta.
-Mi nombre es Marian –le respondió acercando sus labios a los de él, besándolo y rompiéndose el hechizo.
-Os amo Marian
-Lo se…–le respondió sonriendo

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