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02 agosto 2013

Perdido en otra dimension

        Como todos los días Steven salió tarde de su trabajo, llevaba la contabilidad de una pequeña empresa y aunque siempre aspiro a más tampoco era malo el sueldo que cobraba. Cuando llegaba la época de la declaración de la renta pues siempre era el primero en ayudar a todo el que se lo pidiese aunque claro cobraba un mínimo precio como era lógico. No le gustaba abusar.

Mientras pensaba en el día tan duro que había sido, se montó en el coche, lo arrancó y se dirigió a casa. Se le había hecho más tarde que de costumbre y había caído la fría noche invernal. Conducía relajado, tal vez un poco cansado, pero sin prisas, nadie le esperaba en casa, al menos por el momento. Tenía planes para casarse con su novia, Alma, por eso tenía que echar tantas horas extras. Steven era de esas personas fiel a su trabajo, se lo tomaba en serio, tanto que aun fuera del trabajo siempre tenía la cabeza llena de números.

Poco a  poco el sueño le iba haciendo mella, no estaba ya lejos de casa. De pronto una luz intensa azul le deslumbro, y provoco que se saliera de la carretera. Al salirse su cabeza golpeo contra el volante y quedo inconsciente durante un indeterminado lapso de tiempo.
          -¿Qué ha pasado? Me he debido quedar dormido. –murmullo. –Pero, si es de día… -continuo mientras se tocaba la frente.


Efectivamente era de día, miro su reloj de pulsera y marcaba las dos, puso la radio y sonaron las 8 de la mañana. Extrañado miro su móvil, pensando que tal vez se hubiera quedado sin pilas su reloj. Las dos. No podía ser, miro la hora del coche. Las dos también.
          -¿Pero si todos mis relojes marcan las 2 de la mañana como demonios es de día y las 8 de la mañana? –Se preguntó a sí mismo, tratando de entender que estaba ocurriendo.

Decidió que estaba demasiado cansado para entender que estaba ocurriendo y ya que era sábado y no tenía que trabajar se iría directo a la cama y cuando se levantase pues volvería a mirar la hora y ya se vería. Puso el contacto para arrancar y sus ojos se abrieron de par en par al comprobar que el coche marcaba aun la temperatura habitual de funcionamiento, algo ilógico si llevaba tantas horas en aquel escampado con el motor parado. Debería estar frio, muy frio.
         
           -Vale, de acuerdo. Seguramente estoy demasiado cansado, será mejor que me vaya de una vez a dormir.  –Se dijo a si mismo intentando entender que estaba sucediendo. –Definitivamente estoy cansado me he pasado la casa donde vivo. –Pensó mientras daba marcha atrás. –No me temo que no me he pasado. Pero, ¿Qué clase de broma es esta?
Se encontraba de pie frente al 134 de Oxford Street, si, esa era su casa. ¿Lo era? No lo parecía, era diferente. Se acercó llave en mano, intento abrir pero la cerradura era diferente. Solo había algo que podía hacer y no estaba seguro ya de si debía o no hacerlo. No se lo pensó más y llamó al timbre. Y casi le dio un infarto al abrir una hermosa mujer la puerta.
          -¡Alma! Pero ¿qué haces en mi casa y porque has cambiado la cerradura? ¿Es que me quieres volver loco? No tiene nada de gracia la broma.
          -¿Qué clase de loco es usted? –le contesto mirándolo fijamente. Llevo toda mi vida en esta casa, así que lárguese o llamare a la policía.
          -¿Estas de broma, Alma? Mira ya vale la broma estoy cansado y quiero descansar. Si no quieres casarte conmigo dilo claro y déjate de bromas.
          -Mire usted, debe haberse confundido con otra mujer. Yo llevo 15 años casada y si no me cree puedo decirle a mi marido que salga.
          -Está bien, ya hablaremos esto no va a quedar así.
Se montó en el coche y fue en busca de un bar donde tomar un café. Tras un rato de conducir encontró uno abierto. Aparcó, entró y se sentó. Pidió un café y se puso a ojear un periódico que había encima de la barra del bar. Aquel sitio debía ser nuevo, pues no le sonaba de nada. Comenzó a leer las noticias, y a pasar las hojas una tras otra hasta llegar a la sección de economía, lo que más le gustaba de un periódico sin duda. Pero una voz femenina interrumpió su lectura.
-Estas aquí… Sabía que te encontraría en este bar, es el único abierto por estos alrededores.
Pero Steven solo se limitó a mirarla con cara de enfado.
          -Perdona por lo de antes, he sido dura, pero si te llega a ver mi marido hubiera sido peor.
          -Y dale con tu marido. ¿Qué pasa contigo? ¿Ya no sientes nada por mi o qué?
          -¡Pues claro que no! –dijo con enfado. ¿Qué pasa contigo? Me dejaste hace 17 años y ¿tienes la caradura de presentarte en mi casa y montar un numerito?
          -Muy bien. –dijo mientras sacaba su cartera, pero justo en ese momento…
          -¿El hombre más rico y poderoso del mundo me echa de menos?
          -Repite eso, por favor… -dijo algo asustado.
          -Por dios, mírate, eres rico, famoso y dueño de medio mundo, y vienes a buscarme después de todos estos años…
          -Vale, me estas asustando, yo solo soy contable en una pequeña empresa, mira esto por favor.
Steven comenzó a mostrarles fotos de ambos, de la cartera, del móvil… También le mostro los mensajes de amor que se intercambiaban entre ellos. Alma no sabía que decir, ella no era esa mujer de la que él hablaba aunque era idéntica a ella y se llamaba igual.
          -Mira yo venía de trabajar se me hizo tarde, tenía sueño, quizás me quede dormido no lo sé, tuve un accidente y no sé si esto es un sueño o estoy muerto. Pero yo no soy ese que dices que te dejo, jamás dejaría una mujer como tú. Te amo Alma.
          -Por favor no digas eso, yo no soy esa Alma, y estoy casada. Aun así, tu eres rico y lo tienes todo…Por eso me dejaste, era tu sueño ser poderoso y lo has conseguido.
          -Sino estoy muerto y no estoy soñando… y esto parece ser que es en serio… Solo se me ocurre que estoy en otra dimensión o algo así. Al tener el accidente vi una luz azul muy intensa quizás fue eso.
          -¿Eso existe?
          -Bueno es posible, que sino explicaría todo este lio. Vives en mi casa y en vez de casarte conmigo el año que viene llevas ya 15 años casada con otro hombre. Y luego estoy yo…
          -Desde luego no mientes, no es posible que alguien se inventara toda esta información, así que te creo dices la verdad. La cuestión es, ¿y ahora que hacemos?
          -¿Dónde puedo encontrar a mi otro yo? –le pregunto a Alma mirándola fijamente.
          -Desde luego está bien claro que no eres el poderoso Steven Bagart, pues no sabes ni dónde vives… Vamos te llevare a donde vive lo último que necesitas es meterte en líos y que se sepa que hay dos Steven iguales.
          -Gracias. Por cierto ¿puedes contarme algo de sobre mí? ¿Cómo he llegado a ser tan rico y poderoso?
          -Eres dueño de muchos bancos, no se mucho mas de ti y créeme tampoco me interesa. Si hago esto es porque algo en ti me dice que eres diferente.
          -¿Por qué dices eso?
Alma guardo silencio, el dejó de existir en su vida hace mucho tiempo y lo que hiciera o dejara de hacer no era ya asunto suyo.
          -Es increíble nada es igual, se parece pero es a la vez distinto…
          -Háblame de tu mundo, ¿Cómo es?
          -Bueno allí la economía está bastante mal, hay crisis y paro. También nuestro ejército de vez en cuando invade algún país y entra en guerra. Y aunque no lo haga los países de Oriente Medio y alrededores casi siempre están en guerra entre ellos.
          -¿Guerras? –pregunto perpleja. –Mira aquí no podemos quejarnos. La vida es cara, sí, pero a cambio no nos falta para comer. Y desde luego no recuerdo la última vez que hubo una guerra. Es algo que tu otro yo el de este mundo o dimensión o como tú lo llames ayudó a lograr, claro que tuvo un precio, más dinero aun para él. Es la ventaja de ser dueño de medio mundo, supongo… No te voy a engañar aún quedan pequeños conflictos en países pequeños, esto tampoco es que sea el paraíso…
          -Vaya, parece que soy un gran tipo.

Alma lo miro de reojo mientras seguía conduciendo y no dijo nada al respecto.
          -Te has quedado callada, ¿ocurre algo?
          -Eres un gran tipo Steven, tu eres un gran tipo… -le respondió con una sonrisa.
          -Nunca imagine que tendría tanto dinero y sería tan importante. Me parece que me va a gustar esta vida…Sino consigo volver igual puedo ayudar a mi otro yo y quien sabe siendo el mismo ambos seriamos ricos. Podríamos ayudar a mucha más gente cada uno por separado. ¿No crees?
          -No quiero opinar de eso, ya es bastante complicado que tú estés aquí cuando no deberías estarlo.
          -Ya… Me pregunto cómo reaccionara al saber que hay otro como el en el mundo, no me imagino que cara pondrá al verme.
          -Bueno pronto lo sabrás ¿ves aquel rascacielos? Es el edificio Bagart en la última planta está tu hogar, por decirlo de alguna manera, es un edificio empresarial, casi siempre vives allí.
Aparcaron el coche, se bajaron y se dirigieron a la entrada principal del edificio. Allí estaba el conserje custodio de aquel inmenso edificio. Nadie entraba sin que el Sr. Bagart diera su autorización, a no ser que fuera empleado de aquel lugar y debidamente acreditado. La seguridad era máxima.
          -Buenos días señores. ¿En qué puedo ayudarles?
          -Queremos ver al Sr. Bagart –dijo Alma.
          -Muy bien les daré cita. Veamos, el Sr. Bagart estará con la agenda completa durante los próximos 12 días, puedo darles cita para entonces.
          -Imposible debemos verle hoy mismo es urgente –respondió Alma.
          -Lo siento, eso es imposible tiene la agenda completa como les he dicho.
Steven tomo del brazo a Alma invitándola a seguirle, sabían que no entrarían tan fácilmente.
          -Mira esto no va a ser nada fácil, parece que es difícil concertar una cita con él. Estaba pensando ¿y si me hago pasar por él? A fin de cuentas somos la misma persona, ¿no?
          -No, Steven, no lo sois. Físicamente seréis el mismo, pero piensa que no habéis llevado la misma vida, sería fácil que te descubrieran.
          -¿Y si me visto como él? Quizás… ¿Tienes alguna imagen donde salga?
          -Olvídalo es mala idea, ya pensaremos algo.
Mientras en el ático del edificio Bagart
          -Joder, menuda pesadilla que he tenido.
          -¿Qué demonios pasa? –dijo Rose. –Quiero seguir durmiendo un poco más.
          -Mueve el culo nena, me espera un día muy largo.
          -Ya voy joder, ya voy.
          -Hoy tengo que cerrar el trato con el Emir, el jeque árabe dueño del banco BKA. Te prometo que si consigo que venda te regalare ese anillo de diamantes que vistes el otro día.
          -¡¿El de $100.000?! ¡Dios, eres mi hombre, me vuelves loca!
          -Sí, sí, andando nena. Vamos a desayunar.
Steven se levantó de la cama y mando llamar a su mayordomo para que les trajera el desayuno. Era todo un mujeriego rara era la que le duraba más de 1 año, en el mejor de los casos. Podía tener a la que quisiera, aun no siendo excesivamente atractivo, pero es lo que conllevaba el dinero. Eran tantas las mujeres deseosas por estar con él que como iba a resistir tal tentación.
          -Tengo que salir, te quiero lista para la vuelta, ponte ese vestido tan sexi que te compraste el otro día, quiero que dejes sin palabras al jeque.
Vestido con su mejor traje, se le acerco a su fiel conserje y le pregunto:
          -¿Qué tal estoy Antuan?
          -Magnifico señor, está usted magnifico. Cada día mejor. –le respondió el conserje.
Steven sonrió y le dio un billete de 100 dólares de propina. Nada le gustaba más que le regalaran los oídos y alagar su ego.
          -¡Muchísimas gracias señor! Es usted muy generoso.
Antuan le abrió la puerta de la limusina, para que entrase, al cual le siguieron varios guardaespaldas, cerró la puerta deseándole un feliz día con una enorme sonrisa. Pero nada más doblar la esquina, su sonrisa se transformó en una expresión de odio.
          -Maldito cerdo cabrón… -murmullo en voz baja.
En otro lado de la ciudad…
          -Alma tiene que haber alguna forma de poder encontrarme con mi otro yo.
          -Ya viste el nivel de seguridad y por mucho que tú y él seáis el mismo debes entender que no tenéis nada que ver el uno con el otro. Métetelo en la cabeza y descarta la idea de hacerte pasar por el para encontraros. Todo esto es una locura.
          -Dímelo a mí, en mi mundo deben de haberme dado ya por muerto seguro. No sé qué hago aquí y no es como volver, solo recuerdo una luz azul. –Dijo mientras cogía un periódico y lo habría por la sección de economía y pasaba a gran velocidad las páginas del periódico.
La limusina aparco en el interior de un laboratorio donde hacían investigaciones científicas. Su nivel de riqueza le permitía financiar varios tipos de investigaciones. Un comité de científicos esperaban para recibirle como cada vez que avisaba que iba a ir.
-Bienvenido Sr. Bagart le estábamos esperando ansiosamente.
-No tengo tiempo para formalismos estúpidos, a ver ¿Qué tenéis?
Cuando estaba en juego su dinero podía convertirse en el hombre más desagradable del mundo. Aunque hoy estaba de buen humor.
          -Pues vera señor como sabe llevamos varios meses realizando pruebas y poniendo a punto el acelerador de partículas. Bien, anoche llegamos al límite de las pruebas aumentamos a tope la potencia y aún estamos estudiando los datos, pero todo hace indicar que hemos realizado un descubrimiento. Como bien sabe la velocidad máxima alcanzada por cualquier partícula no puede superar a la velocidad de la luz, según nos dijo Einstein. Pues revisando los informes hemos descubierto unas partículas que superan en poco a la velocidad de la luz.
          -Qué significa eso, hable claro no tengo todo el día.
          -Vera al superar la velocidad de la luz en teoría se abriría la puerta a la posibilidad de viajar al pasado, pero es algo que aún tenemos que probar, son solo conjeturas.
          -Pues hágalo.
          -Si señor estamos en ello.
          -Bien. Cuanto hace falta.
          -Según nuestros cálculos con un millón bastaría.
Steven se dio la vuelta y se dirigió al interior de la limusina, de ahí saco un maletín el cual le entrego a uno de ellos.
          -Millón y medio. ¡Quiero resultados y discreción! ¿Entendido?
          -Por supuesto señor. Gracias señor, no le fallaremos.
          -Eso espero sino queréis arrepentiros de hacer negocios conmigo.
          -Que tenga un buen día señor.
Se montó en su limusina junto con sus guardaespaldas y se marchó del laboratorio, durante unos minutos se hizo el silencio allí dentro. Todos se miraron entre sí con inquietud.
          -Deberíamos habérselo dicho –dijo uno de ellos.
          -Tú no le conoces, no sabes cómo hubiera reaccionado, además aún no sabemos el alcance de los efectos.
          -Pues venga a trabajar en ello de una vez.
Mientras en la cafetería donde se encontraban Steven y Alma, el silencio era el dominante, se encontraban pensativos y leyendo.
          -¡Alma, Alma ven! –gritó Steven.
          -¿Qué ocurre? –le pregunto intrigada.
          -Mira, lee esto.
“El famoso Steven Bagart dueño de más de 20 bancos repartidos por casi todo el mundo se reunirá esta tarde para almorzar con el Emir de Oriente Medio dueño del banco BKA con el fin de adquirir dicho banco. Según parece no tiene límites a la hora de ampliar sus riquezas…”
          -¿No menciona donde es? –pregunto Alma.
          -Pues… a ver. No. No dice dónde.
          -Bueno seguramente será en el único sitio posible, su propio restaurante. Lo tiene desde hace años.
          -¿También soy dueño de un restaurante? Esto es increíble.
          -Sí, muy increíble. –le replicó con tono serio.
          -Sabes, cada vez que hablamos de mi otro yo, te sale ese gesto serio. ¿Es por lo que paso hace 17 años?
          -Mira olvídalo, ese no fuiste tú. Y no, no es por eso.
          -¿Entonces qué es? Creo que me ocultas cosas de mi mismo, que no me lo estas contando todo.
          -¡No hay nada que contar joder! –dijo irritada Alma. Simplemente eres pasado.
          -Tal vez, pero estoy aquí ahora. ¿Por qué me odias tanto?
          -Eres él joder, tal vez no por dentro pero te miro y lo veo a él. Quizás en tu mundo eres el hombre maravilloso que se va casar con la maravillosa Alma, pero en este mundo…en este… -no pudo terminar la frase.
          -Está bien, puedes irte, quizás sea lo mejor. Yo nunca quise involucrarte en esto, no es tu sitio. No pasa nada tranquila yo me las apañare bien.
          -Gracias por entenderme, ¿este seguro de esta decisión?
          -Sí, anda ve…
Alma se dio la vuelta hacia la puerta, caminó despacio con dudas, a paso firme con la cabeza agachada. Cruzo la puerta… y volvió a entrar.
          -No puedo dejarte aquí, tú no tienes la culpa de nada. Te ayudare.

La limusina llego al restaurante donde le esperaban para cerrar el acuerdo de la venta. Entraron los guardaespaldas seguidos de Sr. Bagart y su actual novia, Rose.
          -¡Asaran Aleikum! –Saludo respetuosamente Steven al Emir.
          -¡Aleikum Asaran! –Le respondió seguido de un leve abrazo, como es tradición, tras el cual ambos tomaron asiento.
          -Bienvenido a mi país Sr. Ahmed. Espero que sea de su agrado la decoración.

Steven había mandado redecorar su restaurante para crear un ambiente más adecuado para así ganarse al Emir ya que era de sobra conocida su fama de duro negociador, no en vano, Steven no era el primero en ofrecerle suculentas cifras para adquirir su banco. Así comenzó todo un ritual para la adquisición de su primer banco en Oriente Medio.
Entretanto el otro Steven acompañado de Alma llegó al restaurante.
          -Joder, esto parece un cuartel del ejército. –Dijo Steven.
       -Sí que hay mucha seguridad, no pensarías que por ser tuyo el restaurante descuidarías la seguridad. –le contesto Alma en tono jocoso.
          -Claro, sería estúpido por mi parte hacerlo. Y bien ¿Qué hacemos?
          -Esperar. Entrar es imposible. Aguardaremos hasta que salgan.
          -Me parece bien… ¿Sabes lo más entraño Alma? –le pregunto mientras la miraba a los ojos.
          -No, dime. –Le respondió evitándole.
          -Te tengo aquí delante de mí, te miro y no puedo besarte, porque de alguna manera, siendo tú mi prometida, en este mundo ni siquiera estamos juntos. 
          -Le dijo agarrándola de la mano con cierta tristeza.
          -No sé qué decir Steven. –Le dijo con la cabeza agachada. –Son hermosas tus palabras pero se realista en tu mundo si esta la Alma que te ama, yo no soy ella, y lo sabes. Sé que con todo este ajetreo no has tenido tiempo de entender en la situación que estas, y ahora pues estas asimilándolo todo.
          -Es todo tan real, ojala fuera un sueño para poder despertarme. La echo de menos. Y sé que la clave ha de estar en mi otro yo, por eso me he verle.
          -Te entiendo, pero sabes es duro para mi tenerte aquí 17 años después. Me dejaste. Bueno tu otro yo lo hizo.
          -De veras que no entiendo cómo pudo dejarte, yo no dejaría una mujer así.
          -No puedo responderte Steven, pero estoy segura que cuando conozcas a tu otro yo, entenderás muchas cosas que ahora no entiendes.
          -Si me temo que sí, solo con ver tu cara, tu mirada ya me basta. Veo dolor en ella.
          -Eso forma parte del pasado.
        -Hasta que yo aparecí… ¿Pero por qué aquí? Debe de haber más de un mundo o dimensión seguramente. De todas ellas ¿porque vine a parar a una en la que…no estamos juntos…?
Alma guardo silencio. Sabía que no tenía razones para odiarle pero el rencor era inmenso en su corazón, pues solo pensar que eran la misma persona, le destrozaba recordar el daño que le había hecho. Pero sabía que no era justo no eran el mismo Steven, este era diferente, más bueno, menos codicioso. Por eso cuanto antes regresara mejor.
Tras varias horas de dura negociación, ambos se dieron la mano. El trato estaba cerrado, había costado pues no era alguien fácil convencer el jeque, pero Steven era experto en negociadores duros, no se llega tan lejos siendo un blando. Aunque pedía más al final hubo acuerdo en 5 billones de dólares, la cifra era bastante atractiva. Por fin había conseguido su primer banco en Oriente Medio. Nuevamente se dieron la mano y la paz mutuamente. Steven le invito a tomar una copa en su ático, lo cual acepto encantado. Salieron del restaurante muy satisfechos ambos, mientras esperaba que viniera su chofer con la limusina iban ultimando los detalles del trato que habían cerrado, cuando de pronto…
          -¡No! ¡Es imposible! –Como una pesadilla que se hacía realidad de la nada aparecía el mismo, otro Steven Bagart había hecho presencia en la puerta del restaurante.
          -No, me temo que no lo es, no sé cómo he llegado aquí, pero soy real.

El silencio se hizo de pronto entre ambos, nadie se atrevía a decir nada, se miraban fijamente el uno al otro, no acababan de creérselo ninguno de ellos. El jeque ante aquella situación se despidió rehusando la invitación. Así quedaron a solas los dos Stevens y Alma.
          -¿No dices nada? –Preguntó Alma al Steven de su pasado.
          -Hola Alma. –dijo mientras miraba a uno y a otro.
          -Veo que recuerdas mi nombre.
          -Bueno Steven, espero que puedas decirme que estoy haciendo aquí.
          -¿Por qué habría de saberlo? Este no es un sitio seguro para hablar subid a la limusina.

Entraron a la limusina, por el camino le fue contando como era su vida y como había llegado hasta allí, le hablo de su mundo y de la luz azul. El otro Steven escuchaba atentamente era difícil de asimilar pero la prueba la tenía delante lo más preocupante era que esto sucediera la pasada noche, justo cuando tuvo la pesadilla.

          -Bueno supongo que querrás conocer como es mi mundo, como habrás oído hablar soy dueño de muchos bancos se podría decir que el dueño de medio mundo y créeme no ha sido fácil, invertí mucho tuve que ser muy ambicioso para lograrlo.
Steven y Alma le observaban en silencio mientras se regodeaba de lo rico y poderoso que era.

          -Si me disculpáis un momento, he de atender una llamada.
          -Claro cómo no. –dijeron ambos.
          -¿Adam? ¿Qué ocurre con la Sra. Wilson? No, no es mi problema que haya estado enferma. O paga o la calle. Dale 24h hoy me siento generoso después a la puta calle, ¿entendido? ¡Me da igual que no sea legal joder yo lo hare legal! ¡Como vuelvas a cuestionarme te vas a la puta calle!
Steven y Alma se quedaron sin habla.
          -¿Qué os pasa? Los negocios son los negocios ¿Cómo crees que he llegado a dónde estoy?
          -Te presento al Steven Bagart de este mundo. –le dijo a Steven.
          -Jamás pensé que mi otro yo pudiera llegar a ser tan despiadado.
          -Oh y lo dice mi yo contable que se tiene que matar a trabajar.
          -Al menos soy honesto
          -Te diré algo, yo honesto, aquí nadie pasa hambre, he hecho una ciudad donde no existe ni el paro ni la crisis. Ahora dime ¿Qué has hecho tú en tu mundo?
          -¡Para la limusina! –gritó Alma. Me marcho, ya tienes a tu otro yo, yo tengo una vida propia y no tengo que soportar esto, así que suerte y adiós.

Alma se bajó y se quedaron a solas los dos Steven con Rose que permanecía callada y asombrada ante todo lo que sucedía. El resto del camino permanecieron todos en silencio. Steven se sentía bastante decepcionado con el comportamiento de su otro yo. Pensaba que por mucho trabajo que diera no justificaba su falta de humanidad. Era decepcionante ver como el dinero había corrompido su alma.
         
          -Hemos llegado, este edificio fue el primero que adquirí.
          -Dime una cosa, ¿Cuántos amigos tienes?
          -¿Para qué quiero amigos si puedo comprar a quien quiera?
          -Claro, comprar… -murmullo en tono decepcionante.
          -Te propongo algo, quédate conmigo, te enseñare todo lo que necesitas saber para ser rico como yo en tu mundo.
          -No se… -le respondió, mientras pensaba que no era muy buena idea, aunque tal vez podría aprender algo sin tener que convertirse en él.
          -Mientras lo piensas quédate por aquí, he de ir a un laboratorio que también financio a un asunto. Tomate lo que quieras, como si estuvieras en tu casa.

Steven empezó a pasear por el ático observando cada rincón, las paredes estaban llenas de cuadros con fotografías con grandes líderes políticos. Algunos los conocía, otros sin embargo, jamás pensó que llegarían a serlos, aunque claro no conocía la historia de ese mundo donde se encontraba, hasta qué punto se parecería al suyo… Hayo un ordenador y se acercó y pudo comprobar con sorpresa que no llevaba Windows ni Mac, para su sorpresa tenían su propio sistema operativo. Tras un rato de indagar y aprender cómo funcionaba se topó con lo inevitable, protegido por contraseña. Era lógico no iba a dejar que cualquiera tuviera acceso a las cosas que él hacía.
En el laboratorio mientras, todos andaban locos por tratar de comprender los datos que arrojaban el acelerador de partículas y el servidor.
          -Os dije que no era seguro aun realizar el experimento, no me gusta nada los resultados que estamos obteniendo, presiento que algo ha salido mal. –Dijo uno de ellos.
          -Ya está hecho así que ahora la cuestión es si esa onda pudo provocar algún daño al campo electromagnético de la tierra. –Contesto otro de ellos.
          -Ha llamado el Sr. Bagart, viene hacia aquí. –dijo otro.
          -Tenemos que decírselo. –Contesto el primero.

Pero este hizo oídos sordos, se prepararon para recibirle mientras repasaba los últimos datos. Salió de la limusina con gesto serio y se les acerco, no dijo nada, solo paseaba de un lado a otro por delante de ellos lentamente…
          -¿Sabéis porque he venido? ¡Contestad!
          -No señor, no lo sabemos.
          -¿Qué coño paso en esta ciudad anoche?
          -Lo sabe. –Le susurro uno de ellos al otro.
          -¿Saber qué? Os contare algo, resulta que esta tarde me he encontrado con alguien que resulto ser yo mismo, pero de otro mundo otra dimensión, y que ha llegado aquí por accidente.
Todos enmudecieron, nadie se atrevió a decir nada lo que contaba era… imposible…
          -Lo volveré a preguntar una vez más. ¿Qué coño paso anoche? ¿Y porque ahora hay dos yo?
          -Vera señor como le dijimos esta mañana, hemos descubierto unas partículas que pueden viajar a velocidades superiores a la de la luz. Algo extraño sucedió no sabemos el que exactamente una onda provoco posiblemente una alteración del espacio dimensional. Como sabrá existen varias dimensiones  alineadas en diferentes planos paralelos los cuales nunca se tocan entre sí. Pues al parecer el experimento de anoche debió crear una especie de túnel algo que hasta ahora jamás pensamos que fuera posible.
          -¿Podéis revertirlo? ¿Podéis volver a abrir el túnel? –pregunto con mucho interés.
          -Señor con todos los respetos, lo que ocurrió anoche fue un accidente, no estaba previsto, no sabíamos que fuera posible crear un túnel que uniera varias dimensiones. Y aún no sabemos exactamente lo que sucedió.
          -Averiguadlo. Hacedlo de nuevo y os recompensare.
          -Sí señor, ya estamos trabajando en ello.

Entretanto  en la oficina del ático del  edificio Bagart…
          -Nada. Todos están protegidos con contraseña. ¿Qué contraseña podría poner? No conozco nada de su vida personal. Tan solo lo de Alma. Pero eso ocurrió hace 17 años, no  creo yo que… a ver, por probar desde luego no pierdo nada. ¡Bingo! Sera posible que la contraseña sea su fecha de nacimiento… Eso querrá decir que aún no la ha… ¿olvidado? Bueno hay que darse prisa no sé cuánto tardará en llegar.

Steven fue ojeando rápidamente cientos de carpetas y archivos donde constaba todo lo que hacía. Pero su atención fue para una carpeta que parecía estar relacionada con un laboratorio científico. Al parecer eran muchos los experimentos que realizaban allí. Memorizo la dirección del laboratorio. De pronto recordó que cuando se marchó su otro yo, dijo que iba a no sé qué de un laboratorio que financiaba.
-¿Tendrá alguna relación todo esto conmigo? Seguro que sí. En cuanto llegue le preguntaré con discreción, ahora cerremos aquí y relajémonos hasta que llegue.
Decidido a llegar hasta el final y mientras llegaba continuo mirando todo lo que había en aquel lugar, dio una vuelta por las demás habitaciones intentando averiguar más sobre su otro yo. De repente oyó la puerta, a paso ligero se dirigió hacia la puerta, pero para sorpresa suya no era su otro yo tal y como estaba esperando, sino su novia, Rose, la entró.
          -Hola. –La saludo Steven.
          -Hola. –Le respondió ella.
          -Es un ático muy grande. –Continuo Steven.
          -Sí, no está mal.
          -Sabes, estaba pensando que no se apenas nada de este Steven, ¿Qué puedes contarme de él?
          -Bueno, él no suele inmiscuirme en sus asuntos de negocios, pero ya lo viste en acción en la limusina. –le respondió.
          -Sí, creo estuvo fuera de lugar, fue injusto.
          -Si piensas eso de él, es que aún no lo conoces, injusto es poco. ¿Puedo confiar en ti de verdad?
          -Pues claro, ya sé que parecemos el mismo, pero es solo por fuera no soy para nada como él.
          -Ya me he dado cuenta… En fin ya sabes que es inmensamente rico, lo compra todo con dinero, y lo peor es que no tiene límites, cada vez es más ambicioso…
          -Ah por cierto, se marchó hace un rato, dijo que iba a un laboratorio que el financiaba, no sé.
          -Ya, si, se lo que es. Llevan mucho trabajando juntos en una cosa llamada Acelerador de no sé qué, la verdad es que no se ni que es, él apenas habla de eso y yo tampoco entiendo de esas cosas.
          -¿Crees que tendrá algo que ver conmigo?
          -No lo sé, pero mira, ahí llega, puedes preguntarle tú mismo…
          -Hola chicos de nuevo. ¿Cómo van las cosas? Veo que os habéis hecho amigos…
          -Van bien, dime, ¿qué tal en el laboratorio?
          -Todo va bien…
          -¿Y a que se dedican? –le pregunto a su otro yo con interés.
          -Bueno hacen muchos experimentos científicos.
          -Igual saben cómo llegue hasta aquí, ¿no le has preguntado?
          -Siéntate, tenemos que hablar…
          -De acuerdo, me sentare.
         -Rose nena, ¿porque no vas a comprarte algo sexi para esta noche? Toma 1000 dólares, tenemos que hablar a solas.
          -Está bien, cielo buscare algo muy sexi. –Dijo mientras salía por la puerta.
          -Bien, ya estamos solos. Como te decía, este laboratorio hace muchas pruebas científicas, entre ellas la más actual es un acelerador de partículas. Anoche mientras hacía pruebas con él, hubo un imprevisto un accidente y todo indica como la causa más probable de que tú aparecieras aquí. El problema es que no saben que lo originó, y están aún estudiando todos los datos, pueden tardar bastante, si es que lo consiguen, claro.
Eso era lo peor que podía oír desde luego, pensaba en silencio. La cuestión es si le creería o se acercaría a averiguarlo al laboratorio él solo. Desde luego ya era muy tarde para acercarse, así que pospuso la decisión al día siguiente. Mientras se echó en el sofá a pensar. Mientras su otro yo esperaba a Rose ojeando documentos y pensando si podía sacar provecho de ese descubrimiento, quizás si a escondidas y suponiendo que consiguieran abrir el túnel, podría ir a su mundo e invertir allí y aumentar sus ganancias aún más, pero claro ¿merecería la pena?

Al día siguiente mientras desayunaban se acordó de algo que no le había preguntado a su inesperado visitante.
          -Steven hay algo me sorprendió ayer y no pude preguntarte por ello, veras no dejo de preguntarme qué hacías con ella.
          -Pues es muy sencillo, ella vive en el mismo sitio que yo en mi mundo. Al no saber que no estaba en mi mundo me acerque a mi casa y me encontré con la sorpresa que vivía ella allí, y bueno después se ofreció a ayudarme y eso. Y hablamos de ti claro…
          -¿De mí? –preguntó nervioso. -¿Qué te dijo de mí?
          -Que la dejaste hace 17 años.
          -No la deje, ella no quiso compartir esta vida conmigo, yo estaba en mis comienzos y mi tiempo era muy limitado.
          -Por supuesto… Pero tú cambiaste y te volviste más frio. ¿Verdad?
          -Sí, es posible que sí. Los negocios son fríos. Si quieres ser alguien importante es lo que hay, es duro pero es así.
          -Que equivocado estas… Apuesto que la última vez que una mujer te dijo te amo de corazón fue ella.
          -Mira eso ya se acabó, así que cambiemos de tema.
          -Esta bien, ¿te he comentado que en mi mundo estoy prometido y me voy a casar?
          -Me alegro por ti, más razón para que aprendas de mí y ganes mucho dinero.
          -Dinero…si…Aun no te he dicho con quién… -Le dijo con sonrisa de ironía.
          -¡No me jodas! –Dijo con cara de asustado. –Dime que no es con ella.
          -Es con ella. ¿Te das cuenta como yo he conseguido que estuviera a mi lado aun sin ser rico?

La cara de aquel poderoso hombre dio un vuelco completo, en el fondo de su corazón no la había olvidado, pero eso era un secreto que nadie debía saber jamás y menos ella. Siempre pensó que volvería con él, y que le regalaría el anillo más bonito y más caro del mundo. Ahora era tarde nunca volvería con él. Lo peor de todo es que era un sentimiento que tenía enterrado y ahora al verla allí había vuelto a recordar que por mil años que pasaran nunca la olvidaría.
          -Se lo que estás pensando todopoderoso Steven.
          -No me conoces en absoluto, llevamos vidas muy distintas así que no digas que me conoces.
          -¿Acaso no estás pensando en ella? Sé que todo lo que ha ocurrido: yo, verla a ella, te ha hecho recordar el pasado.
          -No digas tonterías, eso está olvidado. Y ahora si me disculpas he de ir a ver si puedo librarme cuanto antes de ti.
          -¿Vas al laboratorio? –le pregunto con gran interés.
          -Exacto. Necesito resultados cuanto antes, aquí no hay sitio para dos Steven Bagart.
          -Mira, sino te encuentras como conmigo, puedo buscarme otro sitio donde quedarme.
          -Lo que quiero es que vuelvas a tu mundo y me dejes con mi vida.
Steven se quedó pensando en esas palabras, y llego a la conclusión de que había debido tocarle muy adentro si tan pronto había cambiado de parecer.
          -Llévame contigo. –Le dijo a su otro yo.
          -Está bien, pero no quiero oírte hablar, no necesito que te entrometas en mis asuntos.
Ambos se fueron en la limusina camino al laboratorio. De nuevo sonó el móvil.
-¿Qué ocurre ahora? ¿Otra vez lo de la señora Wilson? Está bien que se pase luego por mi despacho y hablaremos.
El otro Steven sonrió por dentro, aun le quedaba humanidad…no estaba todo perdido. Quizá pudiera aun cambiar.
          -Ni una sola palabra. –le dijo a su invitado.
          -Mi boca está cerrada…
Una vez llegaron, el comité de bienvenida los recibió, salió primero el Sr. Bagart. Y luego Steven. La cara de todos ellos fue de asombro, era algo increíble. Había ante sus ojos dos Steven Bagart y aunque ya lo sabían, no era lo mismo que verlo.
          -Bienvenido señor… señores… Bagart. Bienvenido a los dos.
          -A mi podéis llamarme Steven, será más sencillo.
          -¿Qué le trae por aquí Sr. Bagart?
          -Ya lo sabes, y él también está al tanto de todo.
          -Comprendo, les enseñare los avances. Llevamos día y noche trabajando duramente, y poco a poco empiezan a encajar las piezas. Cada vez estamos más cerca de resolver por qué y cómo se creó el túnel y creo que pronto podremos repetir el experimento y tal vez incluso con éxito.
          -¿Cuánto tiempo creen que tardaran? Me gustaría regresar cuanto antes. –Les pregunto Steven.
          -Vera Sr. Steven el proceso no es seguro ni tampoco sencillo, pero creemos que es cuestión de días que lo consigamos.
          -Eso no es tolerable. –Añadió el otro Steven.
          -Tranquilo hombre, ya verás cómo lo consiguen pronto. –salió en defensa Steven.
Estuvieron varias horas en el laboratorio, oían atentamente las explicaciones, observaban las pruebas realizadas, a pesar de que no tenían mucha idea de aquello, guardaban silencio. Luego se marcharon ambos pensativos, en todo lo que habían visto y sucedido. Además había quedado con la señora Wilson por lo del impago. No se acaba de creer que hubiera quedado con esa mujer, en fin con tal de saldar la deuda ya daba igual. Una vez llegaron al edificio Bagart y tras salir de la limusina entraron en silencio en el ascensor, pero Steven no se aguantó más.

          -No puedes ir por la vida así, que seas tan rico no te da derecho a tratar a la gente como te dé la gana. Puedes ser mejor persona de la que eres, solo tienes que quererlo.
Pero su otro yo, no hizo el más mínimo caso a sus palabras, lo miro fijamente y atravesó la puerta del ascensor del mismo modo que había entrado en él. En silencio. Abrió la puerta del ático, se dirigió al salón y de repente se quedó paralizado. En el sofá se encontraba su novia, Rose, desnuda con otro hombre. Lleno de rabia cerro sus puños pero sin levantarlos, como quien aguanta un gran dolor sin gritar. Pero comprendió en ese momento que no merecía la pena, entonces recordó las palabras del otro Steven en su cabeza,

          -¡Oh mierda! ¡Steven! ¡Lo siento mierda! –gritaba mientras intentaba taparse.

         -Ni se te ocurra disculparte, coged vuestras ropas, vestiros y largaros de mi vista. ¡Ya! No quiero volver a veros a ninguno de los dos en mi vida.
          -Tranquilo, no merece la pena. –Intento consolarle Steven.
          -Déjame joder, ¿crees que me importa ella? Si joder, tenías razón con Alma, ¿contento?
          -Es lógico, esa mujer es muy especial. Mira vámonos a tomar una cerveza, salgamos de aquí, cuando volvamos ya se habrán ido para siempre.
          -No sé porque demonios te hago caso, está bien, cogeré algo de dinero, que al menos de eso me sobra-

Así marcharon en la limusina en busca de un lugar donde tomar algo, al final, acabaron en un bar a pocos km de allí. Se sentaron en la barra y pidieron 2 cervezas. Entre tanto Steven le saco algún tema para hablar a su otro yo, con el fin de que no pensara en todo lo que había sucedido. Y se le ocurrió pedirle consejo para mejorar su economía. Estaban  tan animados y distraídos con la conversación que ninguno se dio cuenta que al fondo había una mujer un poco ebria llorando. Steven que escuchaba atentamente todos los consejos, fue el primero en darse cuenta, pero no dijo nada, la observaba atentamente a la vez que seguía escuchando los consejos que su otro yo le daba. Pero era cuestión de tiempo que se diera cuenta que no le prestaba toda la atención, algo le distraía.
          -¿Qué pasa? ¿Porque no prestas atención a lo que digo? Estas distraído.
          -No tranquilo, no es nada, -le contesto intentando disimular.
Entonces se volvió para ver qué era lo que le distraía, su sorpresa fue mayúscula al comprobar que había una mujer llorando en el fondo del bar. Pero lo que no podía jamás imaginar es que aquella mujer era Alma.

          -Dame un segundo voy a ver qué le pasa, quédate aquí un momento, no tardare.
          -Está bien, te hare caso.
          -¿Alma? ¿Qué te ocurre?
          -¡Steven! –dijo mientras lo abrazaba.
          -¿Qué te ha pasado Alma?
          -Ayer cuando volví a casa… me encontré a mi marido en la cama con la vecina y bueno puedes imaginarte el resto. Me siento fatal. Por favor no le digas nada a él. –Dijo señalando al otro Steven
          -No, pero tienes que hacerme un favor, quiero que oigas lo que tiene que decirte, hay un motivo por el que estamos aquí ahora juntos y tienes que oírlo. -Le dijo mientras llamaba al otro Steven.
          -Hola, yo...no sé qué decirte... ¿Cómo estás?
          -¿Acaso te importa? -le respondió Alma.
          -Está bien, me lo tengo merecido.
          -Steven por favor cuéntale a Alma porque estamos aquí.
          -Este bien, lo haré. Hoy al llegar a casa, hemos encontrado a mí novia con otro hombre acostándose en el sofá. Y él me propuso ir a tomar algo.
          -Vaya, lo siento, estarás destrozado...
          -Bueno, sinceramente, es un mal trago, aunque lo peor es que te engañen de esa forma, yo confiaba en ella, aunque no la amara.
          -Mira, no voy a entrar a cuestionar si la amabas o no, pero tal vez te lo merecías. No se debe jugar con los sentimientos de los demás.
          -Joder creía que era a mí a quien habían traicionado. Creí que llegaría a amarla algún día, pero nunca le ha faltado de nada conmigo.
          -¿De verdad estas seguro que no le ha faltado nada? ¿Qué me dices de ti?
          -Vale, lo siento, debí prestarte más atención, me equivoque y si supieras mis razones entenderías porque no la llegué a amar...
          -Pues explícamelo, estoy deseando conocer tus razones.
          -A lo mejor no te hace gracia lo que oigas.
          -A estas alturas poco puede sorprenderme.
          -Está bien, la única razón es que en todo este tiempo no he amado a ninguna mujer porque no te he podido olvidar, creía que te había olvidado, pero al verte con él el otro día, me di cuenta que aún estaba enamorado de ti.

Alma se quedó muda, no sabía que contestarle, por un lado estaba casada, por el otro no estaba dispuesta a perdonar esa infidelidad.
          -Mira, no sé qué decir, ayer mismo encontré a mi marido con otra mujer en la cama, necesito pensar pero no creo que pudiera volver otra vez contigo. Entiéndelo, lo nuestro se estropeo por cómo eras y eres.
          -Alma, está cambiando, ya no es el que crees que conoces. Se ha dado cuenta de su gran error y estoy seguro que sabrá que hacer. Os propongo algo, quedad, hablad, pasead y ya se verá.
          -Me parece bien pero no quiero que se haga ilusiones, no puedo prometer nada.
          -Estaré bien soy realista.

        En ese momento sonó el móvil de Steven, llamaban desde el laboratorio, habían conseguido abrir de nuevo el túnel hasta la otra dimensión, tenía que darse prisa pues era inestable y no duraría mucho. Así que se despido rápidamente y se fueron a por el coche de Steven, no había tiempo para despedidas, se montó y salió a toda prisa hacia el lugar del accidente y de nuevo la luz azul le hizo perder el conocimiento. Cuando despertó era de noche, pero no era una noche cualquiera era la fecha y la hora del accidente. Fuera cómo fuera había regresado a su mundo. Rápidamente se dirigió a su casa, introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta. Una sensación de felicidad recorrió su cuerpo y de pronto lo supo, en este y en cualquier mundo o dimensión tenían que estar juntos. Era el destino. Con ese pensamiento se echó en la cama y se quedó dormido con un pensamiento: Siempre estaremos juntos Alma...

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