Los vecinos y
los niños de su colegio decían que parecía una bruja o algo, que se comportaba
de forma rara. La realidad era que había nacido con un Don divino, ella era muy
creyente en dios aunque jamás pisaba una iglesia. No se sentía a gusto. Su don
era simplemente ser médium, tenía el don de comunicarse con el mundo de los
espíritus. Aunque la verdad que nunca le había gustado tener ese don, desde
niña había sufrido miedos y se asustaba cuando veía un espíritu. Pero con el
tiempo se fue acostumbrando, simplemente no les hacía caso y con eso ya se
iban.
Maya acababa de cenar con sus
padres como de costumbre, termino, se despidió de ambos y subió a su
habitación. Mientras subía los peldaños de la escalera que daban a la planta
superior, un pensamiento recorría toda su mente. Se acercó a la ventana de su
cuarto, puso los codos en la ventana y apoyo su cabeza sobre sus manos. Se
apartó el pelo de su cara para ver mejor, y alzo la vista al infinito,
contemplando la belleza del firmamento… Un suspiro lleno el silencio de la
habitación.
Rato
después, mientras seguía asomada a la ventana, sintió algo detrás de ella, supo
que no estaba sola, podía sentir que había alguien más con ella en aquel lugar.
Temiéndose lo que imaginaba, conto hasta tres con la mente y se dio la vuelta
lentamente. Sus temores eran realidad, frente a ella, un chico joven, con la
mirada perdida. Pálido y asustado. Estaba claro, era un espíritu, pero lejos de
gritar o asustarse hizo lo que siempre solía hacer, nada.
Lentamente
se volvió hacia la ventana, mientras pensaba que porque le tenía que pasar a
ella esas cosas, ella no eligió tener ese don, nació con él, nadie le pregunto
si lo quería. Pero lo tenía. Los veía y que. No entendía quién era, no sabía
para que tuviera eso. Sabía que con el tiempo encontraría la respuesta, pero en
fin era joven y ahora no se iba a preocupar de eso.
-¿Puedes
verme? –pregunto con voz débil, aquel chico.
Eso no
lo esperaba, por lo general las veces que había visto espíritus, nunca le
habían hablado. No sabía que hacer o que decir, así que decidió no hacer nada y
seguir observando las estrellas.
-Necesito
ayuda, por favor, no sé dónde estoy ni como he llegado aquí. –insistió el
joven.
Maya
impactada se dio la vuelta, un poco asustada ya que eso era algo nuevo. Para
ella comunicarse era solo verlos, pero esto iba más allá, nunca había hablado
con un espíritu. Una vez le hablo a uno y desapareció antes sus ojos, así que
pensó que para que esforzarse. Pero ahora era diferente había un espíritu que
le estaba pidiendo ayuda. Y es que encima aquel chico era tan guapo… Muerto
pero guapo, una cosa no quitaba a la otra. Lo miro a los ojos pero seguía sin
saber que decir.
-Hola,
parece que si puedes verme, estoy asustado he debido de perderme.
-Hola,
si, puedo verte. No sé qué decirte es la primera vez que hablo con un…
-¿Es la
primera vez que hablas con un chico? ¿En serio?
-¿Con un
chico? No… que va. Oh, no. No lo sabes… Dios mío, no lo sabe… -un nerviosismo
recorrió su cuerpo.
-¿Saber qué?
No te entiendo. ¿Puedes ayudarme?
-No lo sé…
Dios mío, no lo sabe, pero ¿cómo se lo digo? –murmuro en voz baja.
-¿Pero qué
debo de saber? Me estas asustando, dilo de una vez.
-Estas…
—no pudo continuar. – ¿Dime que es lo último
que recuerdas?
-No
estoy seguro, esta todo confuso, estaba con unos amigos, conducía yo, pero no
recuerdo nada más, después de eso aparecí aquí. No estarás insinuando que estoy
muerto ¿verdad?
-Me temo
que sí, mírate, eres un espíritu. Es bastante probable que si estés muerto.
El chico
se derrumbó y empezó a llorar, aunque al ser un espíritu no podía derramar
lágrimas, pero eso no impedía que ella sintiera su dolor.
-Para
por favor, te ayudare. He sentido tu dolor, es inmenso, dime cómo te llamas.
-Me
llamo…me llamo… -hizo una breve pausa y prosiguió con la cabeza agachada. –no
recuerdo mi nombre, dios…estoy perdido…
-Está
bien tranquilo, tomate tu tiempo, relájate no se respira hondo.
-¿Qué
respire hondo? ¡Si estoy muerto!
-Lo
siento, perdóname, es mi primera vez, nunca había tenido una conversación con
un espíritu. Estoy algo nerviosa.
El chico
sonrió, y ella tras él. Maya se acercó, intento tocar sus manos para tratar de
sentir algo de él. Era tan extraña la situación, sintió un escalofrió al
aproximar las palmas de las manos de los dos. Lo miro fijamente a los ojos, era
un chico realmente guapo, y sentía que tenía un alma noble, sin duda el hombre
que siempre había querido, solo había un problema. Estaba muerto. Le entro un
poco de rabia, pensó que si lo hubiera conocido en otra circunstancia…bueno
otra… cualquiera en la que estuviera vivo, claro.
-Creo
que me llamo David, no estoy seguro, no recuerdo más.
-Bueno
pues encantada de conocerte David. –le dijo alegremente extendiendo su mano.
–Vaya lo siento, estoy torpe hoy.
-Eres
muy simpática, y te diré algo más, eres preciosa.
Maya se sonrojo,
no es que fuera la primera vez que se lo decían, pero si viniendo de un chico
que le gustara. Un par de días después Maya y David eran grandes amigos. Él no
estaba con ella siempre, intentaba averiguar quién era iba a un sitio, a otro… Maya
lo echaba de menos, se decía a si misma que habiendo tantos chicos se fuera a
fijar en alguien que no era ya de este mundo. Aparecía cuando menos lo esperaba
pero aunque se asustaba, se ponía contenta de verlo.
Pero
dentro de su corazón iba naciendo un sentimiento jamás conocido anteriormente.
Era amor puro. Era hermoso pero también triste, pues sabía que no estaría
siempre a su lado, él tendría que irse en cualquier momento. David al verla
distraída y pensativa le pregunto
-¿Qué te
pasa Maya?
-No lo sé…
me gustas mucho y eso pero…
-No
sigas, sé que vas a decir. No me acostumbro a ello. Sabes tú me encantas, y me
haces sentir bien, no se es algo extraño…
Maya
abrió sus manos y puso las palmas boca arriba, David aproximó todo lo que pudo
sus manos para tocar las de ella. Una intenta energía recorría el cuerpo de
ella y a la vez también David sentía una paz divina.
-Tengo
que contarte algo que acabo de recordar, no estoy seguro pero creo que deje
alguien en este mundo que me amaba y yo a ella, solo que ahora no puedo
recordar quien era y además no siento nada por ella al recordarlo. Solo siento
algo inmenso por ti, me has ayudado tanto…
-Pero si
yo no he hecho nada… No dejo de preguntarme que pasara cuando recuerdes quien
eres, porque es posible que tengas que irte, no sé. Realmente no sé porque estás
aquí, no es que no me alegre, es solo que dicen que cuando mueres si dejas
algún asunto pendiente te puedes quedar aferrado a este mundo. En tu caso no sabías
ni que eras un espíritu…
-Sí, es
posible, es la única respuesta a todo esto. Supongo que estoy aquí para que me
ayudes, no sé cómo llegue pero estoy aquí, y puedes verme y comunicarte
conmigo. Tal vez desee despedirme de mis padres o de mis amigos. Pero no
recuerdo quien soy, llevo aquí varios días y aun no recuerdo nada de mí. A
veces me vienen recuerdos de rostros… deben de ser de ellos, pero nada más. Maya…
¿Qué crees que me esperara en el otro mundo? Estoy algo asustado, no sé, nadie
ha vuelto para contarlo.
-Estoy
segura que será un lugar maravilloso, ya verás. Ahora intenta concentrarte,
intenta recordar, o sentir o como se haga.
-¿Sabes
lo que realmente me encantaría?
-No sé,
sorpréndeme. –dijo riendo.
-Daria
lo que fuera por poder besarte…
Maya se quedó
en silencio, ella también le apetecía pero ¿cómo se besa un espíritu? De pronto
se le ocurrió una idea.
-Imagino
lo que estás pensando, como voy a besarte sin cuerpo y sin labios… lo sé, es
absurdo
-Anda
calla. Mira, acércate muy despacio hacia mis labios, como hicimos con las
manos. Estoy segura que podremos hacer algo.
Maya
cerro los ojos, David se acercó todo lo que pudo a sus labios. Una sensación
eléctrica de felicidad recorrió todo su cuerpo.
-Puede
que me tomen por loca después de lo que te voy a decir pero sabes, me estoy
enamorando como una tonta de ti. Como una tonta porque pronto te iras, porque
eres solo un espíritu que tiene que cruzar e irse y no habrá forma que estemos
jamás juntos. –Al decir eso no pudo evitar derramar alguna lágrima.
La tenue
luz de la habitación fue testigo de una confesión de amor jamás imaginada por
aquellas paredes… pero era la realidad, se estaba enamorando de él.
-Sabes
eres una chica muy dulce y muy atractiva pero yo…
-Lo
siento no debí decirte nada, no se me ocurrió pensar que tu jamás podrías amar,
si eres solo un espíritu… -dijo algo triste Maya.
-Te
equivocas totalmente, sí que siento algo inmenso en mí, y debe ser amor, porque
juro que me quedaría eternamente a tu lado. Pero lo que te iba a decir era eso
precisamente que soy un espíritu, pero aunque lo sea no me impide sentir esto
tan hermoso que siento.
El
silencio se apodero completamente de aquel lugar, ambos se miraban
desconcertados, sin saber que decir, ¿amor entre un vivo y un espíritu? ¿Es que
se estaba realmente volviendo loca? Ese chico no estaba vivo y le había hecho
sentir lo que ninguno de su mundo había conseguido, era especial, era dulce,
atento cariñoso, guapo…
-¿Pero
que estoy diciendo? Dios estoy para que me encierren… –pensó.
Y
pasaron algunos días más, sin novedad, solo el amor que entre los dos cual
flechazo había nacido…
-Maya…
tengo que decirte algo acabo de tener un presentimiento, no lo tengo claro,
pero podría ser el motivo por el que sigo en este mundo. ¿Podemos ir a un
lugar?
-Es
tarde, no se… ¿Está lejos?
-Creo
que sí, pero no estoy seguro de nada.
-Está
bien, no importa, cogeré la bicicleta, deseo ayudarte, aunque eso implique…
Así a
pesar de haber caído la noche, Maya aprovecho que todos dormían, cogió la
bicicleta del jardín y habiendo dejado una nota escrita, se dispuso a ayudarle.
Tras varios kilómetros recorridos, paró. Se encontraba cansada. La noche, las
montañas y la distancia hicieron mella.
-Descansemos
un poco David, estoy agotada. Te recuerdo que los vivos nos cansamos. –le dijo
en tono de broma.
-Eso es
lo que más me gusta de ti, tu sentido del humor. Sabes he estado practicando
como mover objetos, es difícil pero he logrado algo, tengo una idea, móntate en
la bicicleta.
David se
colocó detrás de la bicicleta y concentrando todas sus energías hizo que se
moviera a gran velocidad, así estuvieron durante un rato, hasta que llegaron al
lugar donde el sentía que debía de llegar. Era un lugar un poco apartado, una
vieja carretera a ras de un barranco, al fondo de este se pudo divisar un coche
accidentado. Debido a las características del lugar nadie se había percatado
del accidente, había muchos árboles y dificultaba la visión. Llevaba allí
varios días, esperando que alguien apareciese. Rápidamente acudieron al pueblo
más cercano en busca de una comisaría de policía donde contar lo sucedido.
Estos al oír la descripción del coche accidentado, rápidamente la montaron en
el coche patrulla y la acompañaron al lugar descrito. Una vez allí avisaron a
los servicios de rescate, estaba dificultoso, pero tras un rato de espera más
otro rato de rescate pudieron rescatar el coche. En su interior había 3 cuerpos
sin vida. Habían denunciado hacia días su desaparición pero por más que habían
buscado jamás dieron ni con el coche ni con los ocupantes. Ahora sabían porque.
-Eres
tú, ¿verdad? –le pregunto Maya sin mirar el interior del coche. No podía ver
una escena tan dura.
-Sí, Maya.
Esta es la razón por la que no podía irme de este mundo, yo era el responsable
al volante. No recuerdo apenas que ocurrió, un despiste creo, no lo sé. Lo
siguiente: tu casa.
-Bueno,
más tarde o más temprano esto tenía que suceder. Supongo que te iras.
-Maya,
no quiero irme. No quiero dejarte. Te amo.
-No
quiero que te vayas David, pero no
puedes estar a mi lado has cumplido con tus asuntos pendientes. Tendrás un
entierro y tus amigos también, gracias a ti.
-No
gracias a ti Maya, tú me ayudaste, sin ti jamás habría recordado nada. Podría
quedarme unos días más…
-Sabes
eres el primer chico del que me enamoro. –dijo con una mezcla de risa y lágrimas
en los ojos.
-Querrás
decir chico muerto. –le respondió riendo David.
-Bésame
una última vez.
-¿Aquí
delante de todo el mundo? ¿Quieres que te encierren por loca?
-Que
importa, no pueden verte.
David se
apartó de la multitud lo suficiente para que nadie la viera a ella. Como en
ocasiones anteriores acerco sus labios a los de Maya, cada vez que lo hacían
una energía intensa la llenaba de paz y la hacía vibrar de emoción. Pero en ese
momento una luz blanca apareció cerca de donde se encontraban, era una luz
hermosa surgida de la nada, tal y como siempre habían descrito.
-Tienes
que irte mi vida…
-Lo sé,
pero es que…
-Ambos
sabemos que esto es imposible, para que hacerlo más difícil. –le respondió con
los ojos empapados en lágrimas.
-Es
hermosa la luz ¿verdad?
-Si mi
vida, si lo es, ve hacia ella, todo irá bien ya lo veras.
-Prométeme
que me recordaras…
-Si. Te
lo prometo. –le dijo intentando contener sus lágrimas.
-¿Crees
que nos volveremos a ver?
-No lo sé…por
favor mi vida ve hacia la luz o si no te quedaras aquí atrapado…
-Está
bien mi vida, adiós, sé que te volveré a ver lo se… Se feliz, por favor, se muy
feliz.
-Lo seré
te lo prometo… Adiós David, nunca te olvidare….
David se
fue hacia la luz y desapareció… Maya volvió a donde estaban los servicios de
emergencia, un coche patrulla se ofreció llevarla a casa, ella acepto. Casi amanecía
cuando llego a casa pero estaban todos aun durmiendo. Maya se echó en la cama
envuelta en un mar de lágrimas… Pensando en el casi se quedó dormida pero
entonces oyó una voz que decía:
-“Gracias
Maya” “Siempre estaré cerca de ti”
Maya se
sintió aliviada, sonrió, y se quedó dormida…
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