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02 agosto 2013

Amor Puro


En un pequeño pueblo, en las montañas, vivía una familia con una hija de 17 años llamada Maya, era una chica tímida y a su vez especial. No tenía amigos, pues decían que era una niña muy rara y a veces les daba miedo. Maya aun no conocía lo que era el amor, pues ninguno de los chicos que ella conocía le interesaba. Le gustaba pasarse las horas, asomada en su ventana, mirando las estrellas. Su padre que era gran aficionado a la astronomía había pasado la mayor parte de los años de Maya sentado en la puerta de la casa, enseñándole las estrellas del cielo, sus nombres, las constelaciones, etc. Allí en medio del campo era fácil observar el cielo estrellado de la noche. Allí en su soledad Maya disfrutaba de la belleza del firmamento. Pero Maya a pesar de no tener amigos, raramente estaba sola.

Los vecinos y los niños de su colegio decían que parecía una bruja o algo, que se comportaba de forma rara. La realidad era que había nacido con un Don divino, ella era muy creyente en dios aunque jamás pisaba una iglesia. No se sentía a gusto. Su don era simplemente ser médium, tenía el don de comunicarse con el mundo de los espíritus. Aunque la verdad que nunca le había gustado tener ese don, desde niña había sufrido miedos y se asustaba cuando veía un espíritu. Pero con el tiempo se fue acostumbrando, simplemente no les hacía caso y con eso ya se iban.


Maya acababa de cenar con sus padres como de costumbre, termino, se despidió de ambos y subió a su habitación. Mientras subía los peldaños de la escalera que daban a la planta superior, un pensamiento recorría toda su mente. Se acercó a la ventana de su cuarto, puso los codos en la ventana y apoyo su cabeza sobre sus manos. Se apartó el pelo de su cara para ver mejor, y alzo la vista al infinito, contemplando la belleza del firmamento… Un suspiro lleno el silencio de la habitación.

Rato después, mientras seguía asomada a la ventana, sintió algo detrás de ella, supo que no estaba sola, podía sentir que había alguien más con ella en aquel lugar. Temiéndose lo que imaginaba, conto hasta tres con la mente y se dio la vuelta lentamente. Sus temores eran realidad, frente a ella, un chico joven, con la mirada perdida. Pálido y asustado. Estaba claro, era un espíritu, pero lejos de gritar o asustarse hizo lo que siempre solía hacer, nada.

Lentamente se volvió hacia la ventana, mientras pensaba que porque le tenía que pasar a ella esas cosas, ella no eligió tener ese don, nació con él, nadie le pregunto si lo quería. Pero lo tenía. Los veía y que. No entendía quién era, no sabía para que tuviera eso. Sabía que con el tiempo encontraría la respuesta, pero en fin era joven y ahora no se iba a preocupar de eso.

-¿Puedes verme? –pregunto con voz débil, aquel chico.
Eso no lo esperaba, por lo general las veces que había visto espíritus, nunca le habían hablado. No sabía que hacer o que decir, así que decidió no hacer nada y seguir observando las estrellas.
-Necesito ayuda, por favor, no sé dónde estoy ni como he llegado aquí. –insistió el joven.

Maya impactada se dio la vuelta, un poco asustada ya que eso era algo nuevo. Para ella comunicarse era solo verlos, pero esto iba más allá, nunca había hablado con un espíritu. Una vez le hablo a uno y desapareció antes sus ojos, así que pensó que para que esforzarse. Pero ahora era diferente había un espíritu que le estaba pidiendo ayuda. Y es que encima aquel chico era tan guapo… Muerto pero guapo, una cosa no quitaba a la otra. Lo miro a los ojos pero seguía sin saber que decir.

-Hola, parece que si puedes verme, estoy asustado he debido de perderme.
-Hola, si, puedo verte. No sé qué decirte es la primera vez que hablo con un…
-¿Es la primera vez que hablas con un chico? ¿En serio?
-¿Con un chico? No… que va. Oh, no. No lo sabes… Dios mío, no lo sabe… -un nerviosismo recorrió su cuerpo.
-¿Saber qué? No te entiendo. ¿Puedes ayudarme?
-No lo sé… Dios mío, no lo sabe, pero ¿cómo se lo digo? –murmuro en voz baja.
-¿Pero qué debo de saber? Me estas asustando, dilo de una vez.
-Estas… —no pudo continuar.  – ¿Dime que es lo último que recuerdas?
-No estoy seguro, esta todo confuso, estaba con unos amigos, conducía yo, pero no recuerdo nada más, después de eso aparecí aquí. No estarás insinuando que estoy muerto ¿verdad?
-Me temo que sí, mírate, eres un espíritu. Es bastante probable que si estés muerto.
El chico se derrumbó y empezó a llorar, aunque al ser un espíritu no podía derramar lágrimas, pero eso no impedía que ella sintiera su dolor.
-Para por favor, te ayudare. He sentido tu dolor, es inmenso, dime cómo te llamas.
-Me llamo…me llamo… -hizo una breve pausa y prosiguió con la cabeza agachada. –no recuerdo mi nombre, dios…estoy perdido…
-Está bien tranquilo, tomate tu tiempo, relájate no se respira hondo.
-¿Qué respire hondo? ¡Si estoy muerto!
-Lo siento, perdóname, es mi primera vez, nunca había tenido una conversación con un espíritu. Estoy algo nerviosa.

El chico sonrió, y ella tras él. Maya se acercó, intento tocar sus manos para tratar de sentir algo de él. Era tan extraña la situación, sintió un escalofrió al aproximar las palmas de las manos de los dos. Lo miro fijamente a los ojos, era un chico realmente guapo, y sentía que tenía un alma noble, sin duda el hombre que siempre había querido, solo había un problema. Estaba muerto. Le entro un poco de rabia, pensó que si lo hubiera conocido en otra circunstancia…bueno otra… cualquiera en la que estuviera vivo, claro.

-Creo que me llamo David, no estoy seguro, no recuerdo más.
-Bueno pues encantada de conocerte David. –le dijo alegremente extendiendo su mano. –Vaya lo siento, estoy torpe hoy.
-Eres muy simpática, y te diré algo más, eres preciosa.

Maya se sonrojo, no es que fuera la primera vez que se lo decían, pero si viniendo de un chico que le gustara. Un par de días después Maya y David eran grandes amigos. Él no estaba con ella siempre, intentaba averiguar quién era iba a un sitio, a otro… Maya lo echaba de menos, se decía a si misma que habiendo tantos chicos se fuera a fijar en alguien que no era ya de este mundo. Aparecía cuando menos lo esperaba pero aunque se asustaba, se ponía contenta de verlo.

Pero dentro de su corazón iba naciendo un sentimiento jamás conocido anteriormente. Era amor puro. Era hermoso pero también triste, pues sabía que no estaría siempre a su lado, él tendría que irse en cualquier momento. David al verla distraída y pensativa le pregunto

-¿Qué te pasa Maya?
-No lo sé… me gustas mucho y eso pero…
-No sigas, sé que vas a decir. No me acostumbro a ello. Sabes tú me encantas, y me haces sentir bien, no se es algo extraño…

Maya abrió sus manos y puso las palmas boca arriba, David aproximó todo lo que pudo sus manos para tocar las de ella. Una intenta energía recorría el cuerpo de ella y a la vez también David sentía una paz divina.

-Tengo que contarte algo que acabo de recordar, no estoy seguro pero creo que deje alguien en este mundo que me amaba y yo a ella, solo que ahora no puedo recordar quien era y además no siento nada por ella al recordarlo. Solo siento algo inmenso por ti, me has ayudado tanto…
-Pero si yo no he hecho nada… No dejo de preguntarme que pasara cuando recuerdes quien eres, porque es posible que tengas que irte, no sé. Realmente no sé porque estás aquí, no es que no me alegre, es solo que dicen que cuando mueres si dejas algún asunto pendiente te puedes quedar aferrado a este mundo. En tu caso no sabías ni que eras un espíritu…
-Sí, es posible, es la única respuesta a todo esto. Supongo que estoy aquí para que me ayudes, no sé cómo llegue pero estoy aquí, y puedes verme y comunicarte conmigo. Tal vez desee despedirme de mis padres o de mis amigos. Pero no recuerdo quien soy, llevo aquí varios días y aun no recuerdo nada de mí. A veces me vienen recuerdos de rostros… deben de ser de ellos, pero nada más. Maya… ¿Qué crees que me esperara en el otro mundo? Estoy algo asustado, no sé, nadie ha vuelto para contarlo.
-Estoy segura que será un lugar maravilloso, ya verás. Ahora intenta concentrarte, intenta recordar, o sentir o como se haga.
-¿Sabes lo que realmente me encantaría?
-No sé, sorpréndeme. –dijo riendo.
-Daria lo que fuera por poder besarte…

Maya se quedó en silencio, ella también le apetecía pero ¿cómo se besa un espíritu? De pronto se le ocurrió una idea.

-Imagino lo que estás pensando, como voy a besarte sin cuerpo y sin labios… lo sé, es absurdo
-Anda calla. Mira, acércate muy despacio hacia mis labios, como hicimos con las manos. Estoy segura que podremos hacer algo.

Maya cerro los ojos, David se acercó todo lo que pudo a sus labios. Una sensación eléctrica de felicidad recorrió todo su cuerpo.

-Puede que me tomen por loca después de lo que te voy a decir pero sabes, me estoy enamorando como una tonta de ti. Como una tonta porque pronto te iras, porque eres solo un espíritu que tiene que cruzar e irse y no habrá forma que estemos jamás juntos. –Al decir eso no pudo evitar derramar alguna lágrima.

La tenue luz de la habitación fue testigo de una confesión de amor jamás imaginada por aquellas paredes… pero era la realidad, se estaba enamorando de él.

-Sabes eres una chica muy dulce y muy atractiva pero yo…
-Lo siento no debí decirte nada, no se me ocurrió pensar que tu jamás podrías amar, si eres solo un espíritu… -dijo algo triste Maya.
-Te equivocas totalmente, sí que siento algo inmenso en mí, y debe ser amor, porque juro que me quedaría eternamente a tu lado. Pero lo que te iba a decir era eso precisamente que soy un espíritu, pero aunque lo sea no me impide sentir esto tan hermoso que siento.

El silencio se apodero completamente de aquel lugar, ambos se miraban desconcertados, sin saber que decir, ¿amor entre un vivo y un espíritu? ¿Es que se estaba realmente volviendo loca? Ese chico no estaba vivo y le había hecho sentir lo que ninguno de su mundo había conseguido, era especial, era dulce, atento cariñoso, guapo…

-¿Pero que estoy diciendo? Dios estoy para que me encierren… –pensó.

Y pasaron algunos días más, sin novedad, solo el amor que entre los dos cual flechazo había nacido…

-Maya… tengo que decirte algo acabo de tener un presentimiento, no lo tengo claro, pero podría ser el motivo por el que sigo en este mundo. ¿Podemos ir a un lugar?
-Es tarde, no se… ¿Está lejos?
-Creo que sí, pero no estoy seguro de nada.
-Está bien, no importa, cogeré la bicicleta, deseo ayudarte, aunque eso implique…

Así a pesar de haber caído la noche, Maya aprovecho que todos dormían, cogió la bicicleta del jardín y habiendo dejado una nota escrita, se dispuso a ayudarle. Tras varios kilómetros recorridos, paró. Se encontraba cansada. La noche, las montañas y la distancia hicieron mella.

-Descansemos un poco David, estoy agotada. Te recuerdo que los vivos nos cansamos. –le dijo en tono de broma.
-Eso es lo que más me gusta de ti, tu sentido del humor. Sabes he estado practicando como mover objetos, es difícil pero he logrado algo, tengo una idea, móntate en la bicicleta.

David se colocó detrás de la bicicleta y concentrando todas sus energías hizo que se moviera a gran velocidad, así estuvieron durante un rato, hasta que llegaron al lugar donde el sentía que debía de llegar. Era un lugar un poco apartado, una vieja carretera a ras de un barranco, al fondo de este se pudo divisar un coche accidentado. Debido a las características del lugar nadie se había percatado del accidente, había muchos árboles y dificultaba la visión. Llevaba allí varios días, esperando que alguien apareciese. Rápidamente acudieron al pueblo más cercano en busca de una comisaría de policía donde contar lo sucedido. Estos al oír la descripción del coche accidentado, rápidamente la montaron en el coche patrulla y la acompañaron al lugar descrito. Una vez allí avisaron a los servicios de rescate, estaba dificultoso, pero tras un rato de espera más otro rato de rescate pudieron rescatar el coche. En su interior había 3 cuerpos sin vida. Habían denunciado hacia días su desaparición pero por más que habían buscado jamás dieron ni con el coche ni con los ocupantes. Ahora sabían porque.

-Eres tú, ¿verdad? –le pregunto Maya sin mirar el interior del coche. No podía ver una escena tan dura.
-Sí, Maya. Esta es la razón por la que no podía irme de este mundo, yo era el responsable al volante. No recuerdo apenas que ocurrió, un despiste creo, no lo sé. Lo siguiente: tu casa.
-Bueno, más tarde o más temprano esto tenía que suceder. Supongo que te iras.
-Maya, no quiero irme. No quiero dejarte. Te amo.
-No quiero que  te vayas David, pero no puedes estar a mi lado has cumplido con tus asuntos pendientes. Tendrás un entierro y tus amigos también, gracias a ti.

-No gracias a ti Maya, tú me ayudaste, sin ti jamás habría recordado nada. Podría quedarme unos días más…
-Sabes eres el primer chico del que me enamoro. –dijo con una mezcla de risa y lágrimas en los ojos.
-Querrás decir chico muerto. –le respondió riendo David.
-Bésame una última vez.
-¿Aquí delante de todo el mundo? ¿Quieres que te encierren por loca?
-Que importa, no pueden verte.


David se apartó de la multitud lo suficiente para que nadie la viera a ella. Como en ocasiones anteriores acerco sus labios a los de Maya, cada vez que lo hacían una energía intensa la llenaba de paz y la hacía vibrar de emoción. Pero en ese momento una luz blanca apareció cerca de donde se encontraban, era una luz hermosa surgida de la nada, tal y como siempre habían descrito.

-Tienes que irte mi vida…
-Lo sé, pero es que…
-Ambos sabemos que esto es imposible, para que hacerlo más difícil. –le respondió con los ojos empapados en lágrimas.
-Es hermosa la luz ¿verdad?
-Si mi vida, si lo es, ve hacia ella, todo irá bien ya lo veras.
-Prométeme que me recordaras…
-Si. Te lo prometo. –le dijo intentando contener sus lágrimas.
-¿Crees que nos volveremos a ver?
-No lo sé…por favor mi vida ve hacia la luz o si no te quedaras aquí atrapado…
-Está bien mi vida, adiós, sé que te volveré a ver lo se… Se feliz, por favor, se muy feliz.
-Lo seré te lo prometo… Adiós David, nunca te olvidare….

David se fue hacia la luz y desapareció… Maya volvió a donde estaban los servicios de emergencia, un coche patrulla se ofreció llevarla a casa, ella acepto. Casi amanecía cuando llego a casa pero estaban todos aun durmiendo. Maya se echó en la cama envuelta en un mar de lágrimas… Pensando en el casi se quedó dormida pero entonces oyó una voz que decía:

-“Gracias Maya” “Siempre estaré cerca de ti”

Maya se sintió aliviada, sonrió, y se quedó dormida…

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