Desde muy pequeña, Katy, nunca fue una gatita muy
querida, sus dueños la trataban bastante mal, no era excusa que fueran unos
niños. El problema era que eran unos niños bastante malos y traviesos y le
hacían miles de travesura a la pobre gata, al principio eran bromas inocentes,
pero con los años...
Cualquier defensor de los gatos no hubiera aprobado
semejante trato, pues aun siendo un animal se merecía un trato de respeto. Por
eso la pobre Katy vivió sus primeros años atemorizada, hasta que un día se
reveló. Harta de palizas y malos tratos saco sus uñas de felina y se lanzó a
defender su vida, sin embargo aquello empeoró las cosas. Pero aquella fue la
última vez que le levantaron la mano, sobre todo porque la dejaron en la calle
abandonada.