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28 octubre 2013

Una mala desición



Trato de llamarla por última vez, pero ella le volvió a colgar el teléfono, no podía más. Decidió acabar cobardemente con su vida. Saco del primer cajón de su escritorio un viejo revolver y una sola bala. Bala que debía acabar con su vida. La introdujo con cierto temblor en sus manos en la recamara de aquel viejo revolver. Apunto a su sien, pero no pudo disparar. Bajo el arma y se puso a llorar.
Se preguntaba porque no le quería como él la quería a ella… si al menos le contestara al móvil, pero imagino que estaba demasiado enfadada y le odiaba demasiado aunque no sabía muy bien el motivo. No recordaba que podía haber hecho mal pero estaba convencidísimo que le odiaba sino ¿Por qué no le cogía el teléfono? Ocho llamadas y no respondía. Más claro agua, mejor morir que seguir sufriendo.

Volvió a apuntarse con mano temblorosa a la sien. Puso su dedo índice de la mano derecha sobre el gatillo, pero fue incapaz de apretarlo. Nuevamente rompió a llorar. Se puso las manos sobre su cara dejado caer sus codos sobre la mesa de su escritorio. Allí había una foto de ambos juntos, foto que dejo caer sin querer al apoyarse. La sostuvo entre sus manos, la miro, la beso, la acaricio. Recordó cuando la conoció lo tímido que era y lo que le costó declarase. Se rio cuando se acordó que tropezó y se cayó haciendo el ridículo pero a ella le hizo gracia. Se sintió aliviado, pero tan solo fueron unos segundos. Hundido en un mar de lágrimas acaricio con la palma de su mano el revolver pensó… cuento hasta 3 y lo hago. 

Así conto uno… dos… tres…lleno de rabia dio un puñetazo sobre la mesa, se repetía así mismo que era tan cobarde que no valía ni para matarse… Me odio y merezco morir, se repetía en voz alta, se armó de valor y se volvió a colocar el revolver sobre su sien, y con gesto firme puso su dedo sobre el gatillo. Esta vez iba a hacerlo sí o sí. Nada se lo iba a impedir, apretó ligeramente el gatillo. Esta vez no le temblaba el pulso. Pero justo cuando iba a apretarlo del todo y acabar con su vida sonó el móvil.

Era ella. Descolgó algo nervioso.

-Perdona que no te haya llamado antes, es que tenía el móvil en silencio estaba durmiendo y no me entere. ¿Estás bien? Mira he estado pensando que quizás me precipite al cortar esta mañana, la verdad es que aun te amo. Ven y hablamos.

Con voz temblorosa le dijo que sí. Lanzo el revolver contra la pared lleno de furia. Se sintió tan imbécil y a la vez tan asustado. Casi acaba con su vida.

-¿Qué iba a hacer dios mío? –se preguntó a si mismo llorando. Casi me mato…

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