Trato de llamarla por última vez,
pero ella le volvió a colgar el teléfono, no podía más. Decidió acabar
cobardemente con su vida. Saco del primer cajón de su escritorio un viejo
revolver y una sola bala. Bala que debía acabar con su vida. La introdujo con
cierto temblor en sus manos en la recamara de aquel viejo revolver. Apunto a su
sien, pero no pudo disparar. Bajo el arma y se puso a llorar.
Se preguntaba porque no le quería
como él la quería a ella… si al menos le contestara al móvil, pero imagino que
estaba demasiado enfadada y le odiaba demasiado aunque no sabía muy bien el
motivo. No recordaba que podía haber hecho mal pero estaba convencidísimo que
le odiaba sino ¿Por qué no le cogía el teléfono? Ocho llamadas y no respondía. Más
claro agua, mejor morir que seguir sufriendo.
Volvió a apuntarse con mano
temblorosa a la sien. Puso su dedo índice de la mano derecha sobre el gatillo,
pero fue incapaz de apretarlo. Nuevamente rompió a llorar. Se puso las manos
sobre su cara dejado caer sus codos sobre la mesa de su escritorio. Allí había
una foto de ambos juntos, foto que dejo caer sin querer al apoyarse. La sostuvo
entre sus manos, la miro, la beso, la acaricio. Recordó cuando la conoció lo tímido
que era y lo que le costó declarase. Se rio cuando se acordó que tropezó y se cayó
haciendo el ridículo pero a ella le hizo gracia. Se sintió aliviado, pero tan
solo fueron unos segundos. Hundido en un mar de lágrimas acaricio con la palma
de su mano el revolver pensó… cuento hasta 3 y lo hago.
Así conto uno… dos… tres…lleno de
rabia dio un puñetazo sobre la mesa, se repetía así mismo que era tan cobarde
que no valía ni para matarse… Me odio y merezco morir, se repetía en voz alta,
se armó de valor y se volvió a colocar el revolver sobre su sien, y con gesto
firme puso su dedo sobre el gatillo. Esta vez iba a hacerlo sí o sí. Nada se lo
iba a impedir, apretó ligeramente el gatillo. Esta vez no le temblaba el pulso.
Pero justo cuando iba a apretarlo del todo y acabar con su vida sonó el móvil.
Era ella. Descolgó algo nervioso.
-Perdona que no te haya llamado
antes, es que tenía el móvil en silencio estaba durmiendo y no me entere. ¿Estás
bien? Mira he estado pensando que quizás me precipite al cortar esta mañana, la
verdad es que aun te amo. Ven y hablamos.
Con voz temblorosa le dijo que sí.
Lanzo el revolver contra la pared lleno de furia. Se sintió tan imbécil y a la
vez tan asustado. Casi acaba con su vida.
-¿Qué iba a hacer dios mío? –se preguntó
a si mismo llorando. Casi me mato…
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