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10 octubre 2013

La Venganza

John era un hombre divorciado, vivía solo pero no le pesaba, era un tipo atlético pues su trabajo lo requería, y era una persona bastante despierta e inteligente. Su trabajo, bueno tenía sus riesgos, ser agente del gobierno, agente de la C.I.A. concretamente, había que ser un tipo muy bueno para formar parte de la central de inteligencia americana. Él lo era, la división de asuntos especiales, era la que él dirigía, digamos que nada ocurría ahí fuera sin que él lo supiera.

Era viernes y tenía todo el fin de semana por delante para estar con su hijo. No es que no pudiera verlo más a menudo pero su trabajo no se lo permitía, su relación con su ex era bastante buena, no había problemas en ese sentido, el problema eran los jefes, el ser director de aquel departamento le exigía esta siempre disponible, nunca se sabía cuándo iba a ocurrir algo.

Tras una ducha, cansado tras haber corrido varios km, se vistió, arranco su Chevrolet y fue hasta la casa de su ex mujer para recoger a su hijo, todo un fin de semana para disfrutar le esperaba. Llego y tras saludarla entro en la casa. Desde luego ella sabía que lo dejaba en las mejores manos, no obstante, tenía siempre ese miedo debido al tipo de trabajo que él llevaba. 

-¡Hola papa! –exclamo su hijo.

-¡Hola campeón! –le respondió mientras lo alzaba en el aire.

-¿A dónde vamos a ir papa? –pregunto intrigado.

 -Nos vamos a ir de acampada, y nos lo vamos a pasar genial, si quieres te enseñare a pescar, ¿Qué te parece campeón?


El niño empezó a dar botes de alegría, la madre no estaba convencida con la idea pero bueno, sabía que nada malo le ocurría con su padre, sabia cuanto lo quería, y que lo protegería por algo era agente del gobierno. Así pues comenzaba una aventura para los dos, una aventura donde compartir emociones juntos.

Daniel se despidió de su madre, dándole dos besos y un abrazo, cogió su cámara de apiernan para hacer fotos, y pusieron rumbo a la montaña. Tras un rato conduciendo, llegaron, aparcaron, salieron y acamparon, daba gusto sentir la naturaleza, el aire puro, contemplar los arboles...

Ya casi anochecía cuando llegaron por lo tanto, tras montar la tienda de campaña, decidió hacer un pequeña barbacoa para cenar y acostarse pronto. Con la promesa de ir a pescar al rio a primera hora de la mañana. John se fijó a su alrededor había bastantes tiendas de acampada, supuesto bastante gente, era muy observador, entonces oyó una voz detrás de él.

 -Un hijo muy guapo. –dijo una voz femenina.

 -Gracias. –le respondió girándose y sorprendiéndose ante tanta belleza.

 -Me llamo Jenny

-Encantado yo soy John y él es Daniel mi hijo. –le respondió estirando la mano para saludarla.

 -Es un verdadero placer. –le respondió ella dándole dos besos en la mejilla.

 Jenny era una mujer increíblemente bella, e increíblemente joven también, no es que el fuera muy mayor, pero radiaba una sonrisa increíble, y desde luego lucía un cuerpo esbelto y de bonita figura, se le veía una mujer agradable sin duda.

 -Y dime ¿has venido sola?

-No, he venido con unos amigos, podrías pasarte después y conocerlos.

-En otra ocasión, acabamos de llegar y estamos cansados.

-Como quieras, ha sido un placer. –dijo despidiéndose con otros dos besos en la mejilla.

 Y así Jenny se marchó hasta su tienda, mientras ellos dos se preparaban algo de comer.


-¿Y bien? –le pregunto una voz a Jenny.

 -Todo correcto –respondió.

 -Perfecto mañana nos iremos a pescar.

-Sí, desde luego.

 A la mañana siguiente tal y como habían planeado John se llevó a su hijo a pescar, fueron al rio y se sentaron a esperar que los peces picaran el anzuelo, mientras le explicaba a su hijo como debía hacer para que los peces picaran. Cuando justo a su lado apareció Jenny acompañada por otro hombre, ataviados ambos con aparejos de pescar también.

 -Buenos días, menuda coincidencia, hemos venido a pescar algo para almorzar, ¿te importa si nos ponemos por aquí?

 -No, claro, podéis sentaros, no hay ningún problema, supongo que él será tu marido…

 -No. –Respondió entre risas, –él es mi hermano, somos como una gran familia, una vez cada varios meses venimos a pasar tiempo aquí en la naturaleza y a pescar, nos encanta la pesca.

 -Ah vaya pues es un verdadero placer, me llamo John. –le dijo extendiéndole la mano para saludarlo.

 -Un placer –dijo algo cortante. –mi nombre es Frank.

Tras un rato de pesca y pocos peces atrapados, algo llamo la atención de todos, no muy lejos de donde estaban había dos personas golpeando a una tercera, John, que lo vio se levantó y se dirigió hacia donde estaban dándole la orden a su hijo que no se moviese de donde estaban. Así llego hasta donde estaban aquellos hombres que no les importaba la presencia suya para seguir golpeando a su rival.

-¡Lárgate si no quieres acabar como él! –le dijo uno de los hombres.

 -Aquí los únicos que se largan sois vosotros. –le respondió sacando su arma y su placa de agente de la CIA, ante aquello, ambos salieron corriendo atemorizados.

Volvió deprisa a donde estaba su hijo, pero no estaba, estaba la caña, pero no su hijo, le pregunto a Jenny, pero tampoco supo decirle nada, así pues volvió a la tienda de campaña para ver si había vuelto, pero tampoco lo hayo, aquello le preocupaba, su hijo desaparecido, aquella extraña pelea, y Jenny, esa mujer tan misteriosa. Decidió no preocuparse más de la cuenta, ser un agente del gobierno tenía sus ventajas, acceso a todo tipo de tecnología, y si algo tenía claro era que su hijo debía de llevar siempre un aparato para localizarlo, y eso era lo que se disponía a hacer, abrió su portátil, y rastreo la señal que emitía el localizador que llevaba su hijo.


Mientras tanto en otro lugar…



-¿Dónde está mi papa?

-Tu padre está ocupado y me ha pedido que cuidara de ti

 -Pero a mí me dijo mi padre que lo esperara en el rio. –insistió el niño.

 -Mira ahora harás lo que yo te diga, ¿de acuerdo? Tu padre me ha pedido que te lleve a un sitio seguro, y eso hare.

Por su parte John localizo la posición exacta del GPS de su hijo, aunque no estaba fija la señal, sino en movimiento. Arranco el coche y justo al montarse apareció por la ventana Jenny.

 -¿Lo has encontrado? –le pregunto con insistencia.

 -Más o menos, está en movimiento aun pero puedo rastrearlo. Lo siento pero tengo que marcharme no puedo perder más tiempo.

-¡Voy contigo! –dijo Jenny montándose rápidamente en el asiento delantero del copiloto.


Tuvo sus dudas sobre si debía o no montar a Jenny, pero el hecho es que ya estaba montada y no podía entretenerse más, así que acelero y partieron a toda velocidad. Momentos después consiguió llegar hasta el punto donde se había detenido la señal, así que debían de estar dentro. Era un antiguo almacén, así que se dirigió a la puerta y voló la cerradura entrando arma en mano a toda prisa.

Lo que vio lo dejo desconcertado, aquel lugar estaba vacío, tan solo estaba la cámara de fotos de su hijo. No conseguía adivinar como pero habían averiguado que dentro de la cámara estaba el chip localizador. Estaba ya claro que alguien se había llevado a su hijo, pero ¿Quién y Porque? No tuvo tiempo de pensar en una respuesta, de pronto cayo desmayado al suelo.

-¿Y ahora qué hacemos con él?

-Cumplir las órdenes…

-Mira no me gusta cómo están sucediendo las cosas, esto debía haber sido más limpio, este no era el plan, no contábamos con el localizador.

 -Ese no es tu problema Jenny, tu misión era entretenerlo.

 -Joder Frank solo es un crio.

 -¡Pero tú de qué lado estas joder! ¡Contesta coño!

 -Lo siento… perdóname tienes razón.

Entre los dos metieron el cuerpo de John en el coche que esperaba fuera y desde allí pusieron rumbo al embarcadero. Allí les esperaba otras 2 personas que se encargaron de introducir el cuerpo en el interior del barco.

John se despertó algo aturdido, se encontraba atado de manos a una silla con una cuerda bastante gruesa. Intento soltarse sin éxito y en ese preciso instante alguien entro, pero no puedo ver de quien se trataba ya que estaba con los ojos vendados.

 -Hola John, nos volvemos a ver las caras.

 -Tu voz… me es familiar. Te conozco pero ¿Quién eres?

 -Por supuesto, John, por supuesto. –dijo riéndose. Me jodiste el negocio, perdí millones de dólares por tu culpa, claro que me conoces jure vengarme de ti, y aquí me tienes John, aquí me tienes.

 -Sí, claro… como no he caído antes. No sabes cuánto disfrute metiéndote en chirona, no debiste salir de allí, ¿Cómo coño has salido maldito cerdo?

-Oh, este es mi John, sí señor. –dijo mientras reía enérgicamente. Te preguntare algo ¿en serio creíste que me iba a pasar 30 años allí metido? 

-No solo lo esperaba, sino que de echo vas a cumplir uno por uno los años que te quedan o puede que incluso te alargue la condena. –le respondió John enfurecido.

 -Te diré lo que haremos, sacaras a mi hermano de la cárcel, retiraras los cargos contra él, y yo te devolveré a tu hijo sano y salvo.

 -¡Maldito hijo de puta! Me encargare personalmente que te pudras en la cárcel, no veras más salir la luz del sol.

 -Ya veo que necesitas algo de tiempo para pensarlo, bien, dentro de un rato volveré y espero que tu respuesta sea otra.

Una vez que se marchó y no con poco esfuerzo logro liberarse de la cuerda que le tenía las manos atadas. La puerta estaba cerrada, pero aún conservaba su cartera, por fin serviría para algo más que gastar dinero aquellas tarjetas visa. No en vano era un agente muy adiestrado en todo ese tipo de cosas.

Salió por la puerta con mucha cautela, nadie vigilaba su puerta, nadie esperaba que se escapara, desde luego. Le habían quitado el móvil, pero por suerte no sabían que el llevaba un localizador de emergencia que en caso de peligro, solo tenía que activarlo y ya en la central de inteligencia sabrían donde se encontraba y que estaba en apuros.

Justo al salir se llevó una desagradable sorpresa, Jenny, estaba allí con un arma en la mano, debía haberlo imaginado.

-Así que estas con ellos. –le dijo John.

-Eso creía… pero ya no, vengo a ayudarte.

-¿Porque ahora? –pregunto con rabia John

-No lo sé algo en ti me hizo comprender que lo que hacía no estaba bien, mira están en la cubierta, solo tengo mi arma, si t la dejo estaré indefensa, pero si sales por este pasillo encontraras varios sicarios, ve con mucha cautela intentare distraer al resto.

Cuando recibieron la señal en la central, activaron el procedimiento de emergencia de rescate de su jefe, prepararon los equipos de rescate y se dirigieron hasta donde marcaba la señal que se encontraba su jefe.

Mientras tanto John, dejo fuera de combate a uno de los vigilaban por el barco para que no escapara, le quito el teléfono y el arma y llamó a sus compañeros, les explico lo que había sucedido y en el lugar que se encontraban, les envió la información a sus otros compañeros que iban a su rescate, a su vez él iba informando de cuantos guardias había en el barco, y de quien era su captor.

La central aviso por radio a los otros agentes que iba al rescate de John, de a quien se enfrentaban, un peligroso traficante de armas, reclamado en casi todos los departamentos de justicia de medio mundo, se le daba por preso, pero al parecer había escapado.

John tenía un plan, la sorpresa el factor más importante, así pues pistola en mano, lo encañono.

-No sé porque no me sorprende que hayas escapado John, pero como ves ya había pensado esa posibilidad. –le dijo mientras uno de sus sicarios apuntaba a Daniel con una pistola.

-Suéltalo esto es entre nosotros, ¡Suéltalo te he dicho! –insistió apuntando a su enemigo.

 John sabía lo que hacía, sabia más o menos que tiempo podía llegar sus compañeros, y desde luego no le preocupaba lo más mínimo el tráfico de la ciudad.

-Y bien John, ¿qué vas a hacer?

-Devolverte al lugar del que nunca debiste de salir. –dijo esas palabras y apareció un helicóptero con varios agentes apuntando al sicario y al traficante.

-¡Soltad al niño! –dijo una voz desde el helicóptero.

Ante aquella situación el sicario salió corriendo, pero no llego muy lejos ya que fue abatido, aprovechando John para pedirle a su hijo que huyera.

-Bien John si así quieres que ocurra, así ocurrirá, dijo apuntándolo con una pistola.

La situación era compleja ambos se apuntaban cara a cara cualquiera podía disparar, incluso desde el helicóptero, pero no quiso, dio la orden que no disparasen, esto quería disfrutarlo a su manera.

-Muy bien, vamos a hacer esto a nuestra manera, sin armas. –dijo agachándose y dejando la pistola en el suelo.

-Esto va ser divertido John, no te imaginas las ganas que tenía, de ponerte las manos encima. –dijo siguiéndole en la idea y dejando a un lado también su arma.

John le lanzo hacia el golpeándole con un puñetazo en la cara, del cual su oponente se levantó, y le propino otro golpe a John, que consiguió evitar, aprovechando para lanzarlo al suelo nuevamente. Se levantó otra vez y bloqueando otro certero golpe de John, uso su pierna derecha para darle una patada en el estómago, esto dejo a John sin respiración, pero no sin fuerzas, ya que solo consiguió que despertar su ira.

Pero su ira no basto para evitar aquella patada directa a la mandíbula, no era un tipo legal eso lo sabía mientras se retorcía de dolor, aun así dio orden de no disparar, pero cuando te enfrentas a un tipo de esa calaña sabes que no jugara limpio, y no lo hizo, aprovecho para recuperar su arma viendo que a pesar de aquella patada John seguía en pie, era un duro rival, sin duda había que acabar con el ahora que estaba débil.

Apunto a John con el arma mientras seguía pidiendo a sus compañeros que no dispararan los cuales tenían encañonado a aquel traficante de armas. Pero en ese instante una bala atravesó el pecho de aquel despreciable ser. Era Jenny, le había salvado la vida. Sabía que si no actuaba el orgullo mataría a John.

-Gracias Jenny me has salvado la vida. –dijo mientras se incorporaba.

-No tienes por qué darlas. –le respondió mientras sus compañeros la detenían.

-¡No! ¡Soltadla! ¿No habéis visto que me ha salvado la vida?

Así pues Daniel corrió junto a su padre, y su padre abrazo a Jenny, dándole las gracias por salvarle la vida, acto seguido se dirigió a Daniel y le dijo,

-Este será nuestro secreto, no puedes contarle nada a mama, porque si no se asustara mucho, ¿entendido?

-Sí, papa, no diré nada.

Ambos marcharon y cumplieron aquel pacto no escrito de silencio, aquello había sido…otra aventura más.

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