En una humilde casa, hace mucho tiempo nació una
niña, hermosa como la luna, con unos ojos relucientes, la llamaron Alina, pues
decían que era tan linda como la luna y las estrellas. Alina vino a nacer en una familia de poco
dinero, pero con mucha humildad. Toda la casa estaba llena de felicidad por el
nacimiento de aquella niña. Pues había devuelto la ilusión a esa pobre
familia.
Poco duro la felicidad, ya llegando al año de edad
se dieron cuenta que a su hija le ocurría algo, la llamaban por su nombre y no
respondía a su llamada, al principio pensaron que era demasiado pequeña, pero
con el paso del tiempo, descubrieron que no miraba cuando la llamaban.
Decididos fueron al médico donde confirmo sus
sospechas, había nacido con una enfermedad en los oídos y no podía oír. Al
principio no supieron cómo reaccionar pero, era su hija y la querían así pues,
se encargarían de que ese problema, no le afectase a su vida. Alina crecía, y
su sonrisa no desaparecía de su cara, no era aún consciente de lo que le sucedía.
Pero no tardo en descubrirlo. Sus padres la apuntaron a un colegio donde le
enseñaron a comunicarse con las manos, el lenguaje de signo, y también aprendió
a leer los labios.
Con 10 años, Alina era toda una experta, no podía
oír su voz, y eso le entristecía, pero tenía muchos amigos y amigos, que le
decían y le demostraban cuanto la querían. Al menos eso le aliviaba. Pero
pronto cambio todo, se enamoró de un chico, pero no del chico adecuado. Era un
chico muy egoísta, y a pesar de su hermosura, la rechazo porque no podía
oír. Alina se fue corriendo a casa
llorando, con el corazón partido, su madre al verla, le pregunto lo sucedido. Y
tras contárselo la abrazo muy fuerte. Pero Alina lloraba desconsolada, en su
lengua de signos le decía a su madre que quería oír, porque le había tocado a
ella no oír. Si al menos pudiera oír por un oído. Su madre le explico que eso
era muy caro y como eran de familia humilde no podían pagárselo.
Alina cabizbaja, se levantó y se marchó a dar un
paseo, no le apetecía ver a nadie, todo su mundo se había desmoronado por un
chico, pero ella lo amaba. Solo por no oír…se repetía en su cabeza. Se adentró
en el bosque, miraba los pájaros, pero no los podía oír. Miraba como se movían
las hojas de los arboles pero no podía oír el viento silbar. No conocía nada,
ningún sonido, ni el mar, ni la voz de sus padres ni la suya. Ya no pudo más.
De que le servía ser guapa inteligente y una bella persona si todo se le venía
abajo solo por amor. Se sentó apoyada en un árbol, con las manos en la cara se
puso a llorar. Maldiciendo su suerte y deseándose no estar viva. De pronto ya
no sentía ganas de vivir. Su corazón había sido duramente apuñalado.
Desconsolaba lloraba cuando oyó una voz. Abrió los ojos de par en par y delante
de ella había un ángel. No daba crédito a lo que veía y menos oía, si ella no
oía como podía estar oyendo a un ángel. De pronto lo comprendió, el ángel le
hablaba a través de su mente. Por eso le oía. Le pidió le suplico le imploro al
ángel ayuda. El ángel la tomo de las manos y le dijo:
Oirás justo cuando ames y seas amada por un corazón,
noble y puro como el tuyo. Alina preguntó cuánto tendría que esperar, pero el
ángel solo le dijo que creyera y que esperara a ese gran amor. Pasaron varios
años y Alina cada vez salía menos con sus amigos y amigas. Se sentía defraudada
ya casi era una mujer, 17 años. Y sin conocer como sonaba el mundo. Iba y
volvía al colegio. Nada más. Cierto día, llego un nuevo chico al pueblo. Era
muy introvertido, muy tímido. El chico no era tan hermoso como ella, pero se le
veía nobleza. Pero Alina ya había dejado de creer.
Pasaban días y días, meses incluso. Cada día aquel
chico la miraba en clase pero no se atrevía a decirle nada, ella rechazaba
cualquier intento. Había decido hacia mucho no sufrir más por un chico. Era el
mediodía de uno de tantos días que volvían de la escuela, Alina iba distraía
y sin darse cuenta tropezó y cayó al
suelo dolorida. Aquel chico que siempre iba algo por detrás de ella, corrió en
su ayuda, le gustaba andar tras de ella ya que no podía hacerlo a su lado.
Sentía algo maravilloso por aquella chica. Y si, sabía que no podía oír, y que
apenas hablaba bien pero le daba igual. Decido la levanto con mucho cuidado,
era una pequeña torcedura, y cargándola sobre su espalda la llevo a su casa.
Alina no sabía que decir, había estado despreciando tanto tiempo aquel chico y
ahora encima la estaba ayudando. Le preguntaba cómo estaba y se interesaba por
ella.
Poco a poco fue naciendo una amistad, ella le enseño
a comunicarse por signos y ella le leía los labios a él. Pero lo que más le
sorprendió fue cuando le pregunto cómo era sentirse así. Sin poder oír. Alina
clavo su mirada, inmóvil. De pronto pensó y cayó en la cuenta que era la
primera vez que alguien le preguntaba cómo se sentía. Se dio cuenta que se
estaba enamorando de él. Y recordó las palabras de aquel ángel, de pronto pensó
que tal vez no fue un sueño. Pero y ahora que. Ya había sucedido, aquel chico
la amaba y ella lo amaba. Luego entonces porque no oía.
Se volvió a llenar de pena y tristeza y rompió a
llorar. Aquel chico la tomo de la mano y la llevo a su casa. Les presento a sus
padres. Y resulto que su padre era médico, cirujano, lo que fuera pero, resulto
que al conocer el amor que sentía su hijo por ella. Decidió que la iba a operar
y lograría que al menos por un oído pudiese oír. Aquella noticia lleno de alegría a toda la
familia de Alina, pero ella se sentía un poco mal, el todo este tiempo tenía la
llave de su felicidad y ella no pensó ni por un momento ni en dirigirle la
palabra. Tal como prometió, fue operada. Fue una operación delicada de alta
precisión, pero no importaba él estaba acostumbrado a eso. Aquella costosa
operación le había sido regalada. No sabía cómo agradecérselo ahora ya podía
oír como sonaba su voz. Pero de nuevo se sintió triste, descubrió que no sabía
hablar. Pero aquel chico ya había pensado en todo, y entre todos día a día la
fueron enseñando a hablar. Y así fue como Alina descubrió el sonido de los
pájaros, el de su voz, todo por dejarse amar por aquel chico al que le debía la
vida.
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