Había una vez un hermoso jardín lleno de flores, las había de todas clases: margaritas, amapolas, azucenas y también había rosas. Muchas rosas, pero en particular había una que destacaba entre las demás, hermosa y reluciente, era una delicada rosa roja la cual todos admiraban y elogiaban. Esta rosa no era igual que sus otras compañeras. Era roja, sí, pero tenía un rojo más vivo más hermoso, quienes la veían sentían que era una rosa muy especial, destacaban sus pétalos completamente abiertos. Todos coincidían en decir que tan sólo con mirarla te llenaba de felicidad, no sabías como... Algunos incluso se acercaban a contemplarla de cerca, siempre respetándola pues esa maravillosa rosa, tan sólo provocaba ganas de quererla y observarla detenidamente para sentir felicidad.
Un día, un joven con no demasiadas buenas intenciones, se paró delante del jardín, se fijó en la rosa y estando observándola, decidió que tenía que ser suya no importaba cómo lo hiciera, la quería para él y no importaba nada más. decidido salto la valla del jardín, pero a cada paso que daba, sufría heridas y se lastimaba con las flores del jardín, sus piernas llenas de heridas se acercaban cada vez más, pero también sufría aún más heridas tenía, pues las otras rosas y flores del jardín la protegían. Cuando por fin llegó a donde estaba la rosa, lleno de rabia trato de un tirón arrancarla, pero sólo consiguió clavarse las espinas. Con las manos malheridas y las piernas heridas se volvió no sin sufrir más heridas durante el camino.
Pasados unos días otro hombre, que caminaba sin rumbo, al pasar por el jardín, se detuvo ante él y se quedó mirando fijamente aquella hermosa rosa, se enamoró de ella y pensó que si pudiera tenerla sería tan feliz… pero después también pensó que una flor tan bonita no debería ser arrancada de un jardín tan bello, es hermoso verla rodeada de tantas hermosas flores y aunque me ha cautivado no podría hacerle tanto daño, se moriría sino se tiene cuidado al cogerla.
Cada tarde volvía al mismo jardín, observaba cada flor primero para después dedicarle piropos y hermosos pensamientos a su rosa favorita, le decía que solo dios podía haber plantado tal hermosa semilla de la cual germinaría aquella hermosa rosa y que estaba seguro que los ángeles la regaban con algo tan divino que ni el mismo alcanzaba a saber que era.
Un día decidió conservar su belleza y se propuso pintarla. Mientras lo hacía aquella flor parecía aun brillar más. Todavía parecía más hermosa a cada pincelada que daba. Y él decía que aquella rosa le miraba que sentía que era una flor delicada, que de algún modo parecía sonreír cuando él le decía cuanto la amaba.
Aquella noche coloco su cuadro en el dormitorio y se acostó, en sueños vio un terrible suceso por venir, alguien muy malvado quería hacerle daño y destruir aquella hermosa rosa. La odiaba… ¿Cómo podía alguien odiar tan hermosa flor?
A la mañana siguiente se acercó al jardín y se encontró al jardinero un hombre ya mayor dedicado toda su vida al cuidado de las plantas, alguien que realmente las amaba. Le hablo de lo hermosa que era aquella rosa y que le preocupaba que alguien quisiese hacerle daño, le pidió ayuda le pregunto cómo podía hacer para tenerla en su casa bajo su protección y cuidado que debía de hacer para tal fin, pero sin dañar la rosa.
El jardinero quedo impresionado al oír aquellas palabras mientras observaba el cuadro que llevaba en la mano, el hombre al ver el intereses del jardinero se lo enseño se quedó emocionado al ver lo bonito que resultaba ver la belleza de esa flor en un cuadro dibujado por alguien, así pues decidió explicarle con detenimiento como trasplantarla a una maceta que le regalo.
Tal y como el jardinero le explico procedió a cruzar la valla, con mucho cuidado se fue acercando a su rosa y de tanto cuidado que ponía no sufría arañazos ni heridas, con una pala pequeña desenterró sus raíces más íntimas, y la coloco en el macetero que el jardinero le había regalado.
Una vez fuera a modo de gratitud por su ayuda le regalo el cuadro que el mismo había pintado al jardinero para que no la echara de menos, entonces este tuvo la idea de colocarlo cubierto por un plástico justo en el lugar donde antes estaba aquella rosa, de esa manera jamás se estropeara y la gente podrá seguir contemplando su esplendor en aquel cuadro.
MORALEJA:
Las plantas como las personas y los animales también necesitan cariño y palabras bonitas, pues aquellos que quieran hacerles daños sufrirán y saldrán heridos, tal vez solo las manos o tal vez el corazón. Si amas a una mujer trátela con cariño, respeto y ámala para que no te clave nunca sus espinas.
Las plantas como las personas y los animales también necesitan cariño y palabras bonitas, pues aquellos que quieran hacerles daños sufrirán y saldrán heridos, tal vez solo las manos o tal vez el corazón. Si amas a una mujer trátela con cariño, respeto y ámala para que no te clave nunca sus espinas.
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